• SÁBADO 18
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Desfiles escolares, ¿los de mi tiempo?


Editor
Ricardo Montero

Periodista


Los estudiantes de las grandes unidades escolares, como la mía, éramos preparados por instructores militares para los grandes desfiles. Al fin y al cabo, el país estaba gobernado por un general.

Mi colegio ubicado en el distrito de Lince era uno de los más grandes del país. Al pasar a primero de secundaria, busqué mi nombre en las listas de promovidos y me sorprendí al ver que estaba en la sección K. Lo más impresionante, sin embargo, fue descubrir que se habían agotado las letras del alfabeto para nombrar las secciones. Así, tras la sección Z, seguían Z1, Z2, Z3…

Por lo tanto, la participación de mi colegio en los desfiles generaba una gran expectativa. Los instructores no querían defraudar esa ilusión, aunque su verdadera motivación era ganar los premios para impresionar a sus superiores. Por eso, nos exigían al máximo: “Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda”, ordenaban al compás del bombo. Marchábamos hasta tres horas seguidas, como reclutas en el servicio militar.

Mi entusiasmo decayó cuando la instrucción se volvió más castrense. Ya no se trataba solo de elevar la pierna de 45 a 90 grados. Era necesario adoptar una posición, una actitud y una disciplina casi militar.

No obstante, no renuncié al desafío. Marché erguido y lleno de brío, orgulloso, elegante y, sobre todo, serio. A pesar del agotamiento, avanzaba impulsado por los aplausos del público, y por las órdenes castrenses de los instructores.

Al año siguiente desistí de repetir la experiencia. Había disfrutado al representar a mi colegio y al sentir el apoyo del público, pero me di cuenta de que hubiera preferido honrar al país bailando, saltando y expresando mi amor por el Perú con libertad.

Por eso, ahora celebro la vibrante exhibición de los escolares de los colegios que obtienen los primeros lugares en los desfiles de Fiestas Patrias. Hoy, ya no predominan los batallones más rígidos, sino aquellos con mejores coreografías, acompañadas de melodías con aires peruanos, ya sean valses, marineras, huaynos o cumbias.

Al mirar atrás, comprendo que mi experiencia fue un simple ejercicio de disciplina y un viaje de autodescubrimiento. A pesar de la rigidez del proceso, aprendí el valor del esfuerzo y la camaradería. Pero también entendí que el homenaje a la patria no solo radica en la rigidez de un paso militar, sino en la libertad de expresión y la alegría compartida. Hoy celebro la evolución de los desfiles escolares, y el cambio en nuestra percepción de la identidad nacional, donde la creatividad y la diversidad se entrelazan para rendir tributo a un Perú vibrante y lleno de vida.