• LUNES 16
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
Reflexiones

Lo que sí importa


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


A través de ella observo también la sencillez de las cosas que no por sencillas son menos importantes. Cuando aprende una nueva palabra o construye una frase con su enternecedora entonación de bebé, o cuando sonríe feliz me doy cuenta de que no todo es malo y agradezco por tenerla, por disfrutarla y por aprender de ella.

Supongo que ella también aprende de mi o, en todo caso, de alguna manera influyo en su crecimiento. Esa responsabilidad, sin embargo, puede por momentos atemorizar. ¿Cómo formar a una persona? Si, como dicen los psicólogos, nadie sale indemne de la infancia, ¿qué hacer o qué evitar para no generar heridas que podrían no terminar de cicatrizar nunca? Un buen amigo me decía: “Hay que estar siempre presentes”. Pero tal vez eso no sea del todo cierto. También hay presencias que duelen y que en esencia son ausencias.

Es probable que no haya fórmula alguna. El crecimiento de una persona, creo, depende de muchos factores: el entorno más íntimo, los afectos, las oportunidades; pero también de las carencias, las pérdidas. Somos lo que tuvimos y lo que nos faltó. Ambas dimensiones nos configuran. Si es así, tal vez lo mejor que podamos hacer sea vivir con menos miedo y más valor para amar.

Interstellar, la notable película de Christopher Nolan, no trata solo sobre el espacio, los viajes intergalácticos y los agujeros negros. Es un manifiesto sobre el amor entre un padre y una hija y sobre el amor como vínculo capaz de trascender las dimensiones. Ni el tiempo ni el espacio, ni siquiera la “singularidad”, son barreras para esa fuerza. Buscando salvarla de la muerte, “Cooper” se embarca en un viaje espacial del cual no sabe si volverá.

El mundo y la vida la abruman. Guerras, desastres, políticos sinvergüenzas, odio. Todo junto. Pero ella me recuerda que no todo está perdido. Tal vez el mayor acto de amor que puedo ofrecer a mi hija sea estar presente con verdad y con intención, equivocarme con humildad, y pedir perdón si hace falta. Porque el amor no garantiza no fallar. Pero quizás sí asegura quedarse para intentar reparar.

Hasta hace pocas semanas, llevaba a mi hija al jardín de niños y tenía que quedarme con ella para evitar su llanto. Pero un día, simplemente, ya no me necesitó más. Llegó la hora de ingresar al salón, se dio media vuelta y se fue feliz a jugar con sus pequeños amigos. Así, sin drama. Y mientras ella empezaba a dar sus primeros pasos lejos de mí, yo me quedé ahí, con un nudo en la garganta y aprendiendo a soltar.