Opinión
Exembajador del Perú en China, Japón y Singapur
La globalización económica representa, en sus fundamentos, una plataforma de oportunidades para los negocios, el comercio y las inversiones. Su condicionamiento en las actuales circunstancias por coyunturas políticas exige la adopción de estrategias que faciliten su aprovechamiento. Ello, a partir del mejoramiento del nivel de desarrollo tecnológico del aparato productivo, la utilización de procedimientos basados en el conocimiento y la información; y, la participación en cadenas de valor. Supone, además, un proceso de reformas estructurales que faciliten sus negocios y que les otorguen una predictibilidad y estabilidad a sus operaciones y propósitos. La conformación de asociaciones de negocios y de cadenas productivas será posible en tanto se cuente con procesos productivos que aseguren una calidad y competitividad acorde con los rangos internacionales.
En la medida en que se utilicen tecnologías avanzadas e innovación, mejores serán las posibilidades de hacer un uso efectivo de la globalización. Para tal propósito es importante la adopción de medidas para el fomento de acciones y estrategias orientadas a otorgar sostenibilidad a la capacidad productiva, así como la conformación en cadenas de valor, a partir de una transformación digital que facilite una participación en mecanismos como el comercio electrónico, con particular énfasis en las pequeñas y medianas empresas. El esquema de la Alianza del Pacífico, en su formulación primigenia, está dirigido al logro de estos objetivos.
El Perú cuenta con una estructura industrial de exportación no tradicional emergente, en particular la agroindustria, hilos y tejidos de algodón y alpaca, joyería, productos marinos, entre otros. Por el nivel de calidad de sus productos y de sus ventas, se ubican como actores principales en los mayores mercados globales de sus especialidades, en particular la agroindustria. Este logro del sector privado debería ser fomentado aún más mediante políticas de apoyo a sus actividades que les garanticen una estabilidad a sus operaciones por medio de un soporte tecnológico en la elaboración y comercialización de sus productos, facilidades administrativas en sus negocios; y, una conectividad informática y física apropiada. La competitividad internacional, a la que hacen frente estas industrias, requiere de medidas de apoyo sostenidas en el tiempo, que le otorguen garantías a su proyección ascendente.
El fomento de las industrias de la exportación no tradicional, con miras a una mayor presencia en los mercados globales y su correlato con el nivel de empleo en el país, debe ser el resultado de una convergencia alrededor de una iniciativa publico-privada, incluido el apoyo logístico y administrativo para su acceso a fuentes internacionales de financiamiento, en la identificación de socios estratégicos y la captación de tecnologías modernas e innovación. Al respecto, a nivel multilateral puede mencionarse los programas de la CAF y el BID; y, a nivel bilateral el proyecto One Village One Product (OVOP) de la Organización de Comercio Internacional del Japón (JETRO), una iniciativa integral con particular hincapié en los esfuerzos de desarrollo en beneficio de la competitividad del sector industrial.
La entrada en funcionamiento del puerto multipropósito de Chancay representa una oportunidad comercial para el Perú de cara a sus intereses en el Asia-Pacífico, que beneficiará a la industria nacional de exportación, en particular a la proveniente del interior del país. Una normatividad y logística promocional además de la conectividad ya existente, harán del desafío de la inserción global una oportunidad de desarrollo.