Opinión
Periodista
“Mi tierra es un edén de fantasía / que pueblan juncos, rosas, y buganvilias, / mi tierra es un jardín de realidades, / poema de mujeres y saudades”. Don Omar Zilver Salas pintó con estos primeros versos un cuadro de su tierra, Tacna. Si bien la idealiza al imaginarla como un lugar hermoso y mágico (“edén de fantasía”), también la describe como el espacio que mantiene una conexión profunda con lo tangible y concreto (“es un jardín de realidades”), donde impera el amor profundo de las mujeres por la patria cautiva (“poema de mujeres y saudades”).
Los historiadores han sido escasos en su generosidad hacia ‘Mi Tacna hermosa’, la polca que representa a la Ciudad Heroica. Los estudios sobre la historia de este cántico son tan limitados que, para entender su origen, es necesario recurrir a un relato que roza lo legendario. La leyenda cuenta que, en la década de 1940, don Omar Zilver Salas compuso la letra durante una noche de amena y larga tertulia con un grupo de amigos en el Paseo Cívico, un espacio que, en otras ciudades del país, es conocido como la plaza de Armas. Creó versos como “Despierta (Tacna) con el beso que el Tacora / le dá con su blancura de alabastro, / trabaja, vive y goza y en sus noches / hay sueños de esperanza y de pasión”, sugiriendo un despertar poético y prodigioso, como si el volcán Tacora acariciara a la belleza natural de la ciudad, y al amor y al orgullo que los tacneños prodigan a su tierra.
Al día siguiente, Eduardo Pérez Gamboa escribió la música, permitiendo que resuenen los eternos versos: “Ciudad hermosa, Tacna, / tierra preciosa, Tacna, / va derramando, Tacna, / su heroicidad.” La canción sonó por primera vez en radio Tacna. No existe concordancia sobre sus primeros intérpretes. Unos afirman que fue un trío de origen chileno, y otros aseguran que eran peruanos. Incluso, se dice que la tacneña Celia Fuentes cantó la polca en 1944, acompañada al piano por Pérez Gamboa, en un programa radial.
Conocí a don Omar Zilver Salas al comenzar mis estudios en periodismo. En el primer ciclo, se presentó en mi aula como el profesor de Lenguaje. Debo confesar que, aunque había cantado en mis años escolares la polca más interpretada en el país, ignoraba que su autor era mi propio maestro.
Era un caballero de los que existieron hasta la década de 1980: bigote cuidadosamente recortado, cabello siempre peinado con raya a la izquierda, corbata ajustada y terno oscuro. Tenía poco más de 60 años, de voz potente, pero nunca estridente, y poseía una inmensa cultura. El destino hizo que fuéramos vecinos, y cada día que lo cruzaba, me saludaba con un respetuoso “Señor Montero, buenos días”, “Señor Montero, buenas tardes” o “Señor Montero, buenas noches”.
En este mes, cuando celebramos el 97° aniversario del retorno de Tacna al Perú, rindo homenaje a don Omar Zilver Salas, recordando ‘Mi Tacna hermosa’, su legado que resuena en nuestros corazones y en la memoria colectiva de todos los peruanos.