Concurso Nacional ‘La Crónica Universitaria-Edición Bicentenario’
Solidaridad tras el desastre de 1970
Áncash, el vuelo que unió a Perú y Estados Unidos.
Nicole Durand Hinostroza Segundo lugar
El 31 de mayo de 1970, la tierra de Áncash tembló con furia. A las 3:23 p. m. un rugido subterráneo sacudió el suelo, arrasando con todo a su paso. El terremoto de 7.9 grados, seguido por un alud del Huascarán, sepultó Yungay, destruyó gran parte de Huaraz y dejó al país sumido en una tragedia sin igual.
Más de 60,000 muertos y medio millón de damnificados marcaron el mayor desastre natural de la historia reciente del país. En medio del caos, un silencio insoportable envolvió las ciudades destrozadas; sin embargo, un sonido inesperado comenzó a quebrarlo: el zumbido de helicópteros descendiendo desde el cielo.
No era una simple misión de rescate; era un gesto de solidaridad sin precedentes. Los helicópteros del USS Guam, enviados por Estados Unidos, llegaron a Chimbote a mediados de junio, poco después del desastre, con un propósito claro: brindar ayuda.
Con ellos llegaron médicos, alimentos, medicamentos, carpas y, sobre todo, la esperanza de que el país no enfrentaría esta tragedia en soledad. En solo semanas, más de 800 vuelos llevaron cerca de 700 toneladas de suministros y evacuaron a centenares de heridos hacia hospitales en la costa.
Soldados, agotados por los vuelos continuos, cargaban a los niños hacia los helicópteros; enfermeras improvisaban puestos de salud, mientras las manos de los campesinos, que lo habían perdido todo, recibían víveres y cobijas. Aunque el desastre fue una de las tragedias más grandes que la nación había vivido en el siglo XX, también marcó el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre ambos países.
Cooperación continua
Años antes, tensiones políticas y disputas económicas habían complicado la relación, pero la tragedia de 1970 hizo desaparecer esas barreras, creando un terreno común donde la solidaridad primó sobre las diferencias: la cooperación se convirtió en el eje de la relación.
Ese gesto de ayuda no solo alivió el sufrimiento inmediato, sino que también cimentó una colaboración más profunda entre ambos países. La operación de 1970 no fue un hecho aislado, sino que abrió paso a una relación de cooperación continua.
Con el paso de los años, los lazos entre el Perú y Estados Unidos se estrecharon aun más, abriendo paso a proyectos conjuntos en áreas como educación, salud, ciencia y tecnología. El ruido de aquellos helicópteros aterrizando en los potreros o plazas de Áncash sigue resonando en la memoria colectiva.
Para los sobrevivientes, el apoyo recibido representó más que una simple ayuda; fue una promesa de que no estaban solos, una manifestación de la solidaridad internacional. Esa colaboración no solo transformó el momento, sino que también cambió la percepción de la relación. En ese instante, la humanidad prevaleció sobre las diferencias políticas y el Perú entendió que la solidaridad no tiene fronteras.
De la tragedia a la alianza
A medida que nos acercamos al bicentenario de relaciones diplomáticas entre ambos países, recordamos que la cooperación iniciada en los días posteriores al terremoto ha dado paso a alianzas estratégicas que incluyen áreas como la educación, la salud y la tecnología.
El terremoto dejó huellas profundas, pero también enseñó una lección invaluable sobre la importancia de la cooperación internacional. Si en aquel entonces los helicópteros rompieron el silencio de Áncash, hoy esa misma solidaridad sigue inspirando proyectos en salud, educación, seguridad y cooperación científica.
A lo largo de casi dos siglos de relaciones, no solo se han firmado tratados o establecido acuerdos comerciales. Las verdaderas relaciones entre países también se forjan en momentos como esos, cuando uno extiende la mano al otro sin esperar nada a cambio. En aquellos días de tragedia, Estados Unidos no fue solo un aliado, sino también un amigo, y esa lección de cooperación se ha mantenido viva en las políticas bilaterales que continúan fortaleciendo la relación entre ambos pueblos.
Hoy, más de medio siglo después de aquel acto de solidaridad, las relaciones entre el Perú y Estados Unidos siguen basadas en el principio de apoyo mutuo, una relación que ha evolucionado de la tragedia a la alianza.
Ese primer helicóptero que aterrizó en Áncash no solo trajo suministros; marcó el inicio de una cooperación sólida y continua que ha perdurado y evolucionado a lo largo de casi 200 años.