• VIERNES 10
  • de abril de 2026

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reflexiones

Medios estatales y elecciones


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


A diferencia de los medios privados, que suelen responder a intereses comerciales o ideológicos, un medio estatal tiene el mandato de servir al conjunto de la ciudadanía. Su tarea, no se reduce a transmitir declaraciones, sino a asegurar que los distintos actores políticos tengan espacio en la agenda informativa. Este principio conecta directamente con la noción de pluralismo mediático, que Hallin y Mancini (2004) describen como esencial para garantizar diversidad de voces en sociedades democráticas.

La teoría de la agenda-setting, planteada por McCombs y Shaw (1972), nos recuerda que los medios no dicen a la gente qué pensar, pero sí sobre qué pensar. En elecciones, esa capacidad de fijar temas adquiere un peso enorme: destacar o silenciar propuestas puede inclinar la balanza en la percepción ciudadana. Aquí entra en juego la equidad informativa, entendida como la distribución justa del espacio mediático entre candidatos. Una cobertura desigual, aunque formalmente plural, puede terminar reforzando jerarquías que favorezcan a unos sobre otros.

Del mismo modo, el framing (Entman, 1993) explica cómo los encuadres seleccionados influyen en la interpretación de los hechos. Un medio estatal, consciente de su responsabilidad, debería apostar por marcos que privilegien el debate propositivo, por encima de la lógica meramente declarativa o del conflicto superficial. De este modo contribuye a elevar la calidad de la deliberación pública.

El reto es evidente: fortalecer criterios editoriales que nivelen las oportunidades informativas, independientemente de la notoriedad previa de cada actor político. De esa manera se evita que la lógica de la noticiabilidad –concentrada en quienes tienen más presencia mediática o intención de voto– perpetúe desequilibrios que afectan la percepción de los electores.

En tiempos de polarización y desinformación, la existencia de medios estatales comprometidos con la transparencia y la imparcialidad es una necesidad democrática. Si cumplen su función, contribuyen a que los ciudadanos decidan sobre la base de propuestas, y no de percepciones manipuladas o incompletas.

En suma, los medios estatales no son simples canales de comunicación institucional: son garantes de un derecho ciudadano. De su capacidad para ofrecer información relevante, plural y equilibrada depende, en buena medida, la calidad de nuestras elecciones y, por ende, la fortaleza de la democracia. Ahora que el país se apresta a iniciar un nuevo ciclo electoral es conveniente tener en cuenta estas ideas.