Opinión
CEO de Sheriff
De pronto, los pagos, las transferencias y la gestión de nuestras finanzas se volverán más rápidos, fluidos y, en teoría, mucho más simples.
Esto nos lleva a hacer una pregunta inevitable: ¿Estamos realmente preparados para la velocidad que se viene?
La promesa del open banking es increíble. Permitirá que nuevas empresas, como las fintechs y las billeteras digitales, se conecten directamente con tu banco, con tu consentimiento, para hacer pagos o transferencias. Se acaba la fricción, se acaban los pasos extra. La idea es que la información y el dinero fluyan sin obstáculos para crear un ecosistema más competitivo.
Sin embargo, en medio de toda esta emoción, hay un detalle que no podemos pasar por alto: la seguridad. Cada nueva conexión digital que creamos, cada autorización que damos es un acto de confianza. Pero en un mercado lleno de nuevos actores, ¿cómo saber si esa nueva aplicación o fintech que nos pide acceso a nuestros datos es realmente de fiar?
Aquí es donde entra en juego la evaluación de riesgo de contrapartes, una pieza clave que debe ser el primer paso de esta nueva era. No se trata de desconfiar, sino de actuar con cabeza. No basta con la buena intención.
La verdadera seguridad se construye con datos. ¿La empresa que te pide acceso a tus cuentas tiene un historial legal limpio? ¿Tiene la solidez financiera para respaldar sus operaciones? ¿Existe algún registro de fraudes o sanciones en su red de socios? ¿Estamos protegiendo la confianza de nuestros clientes o simplemente facilitando una transacción sin pensar en el riesgo?
La agilidad sin seguridad es una apuesta peligrosa. Por eso las empresas peruanas –desde las grandes corporaciones hasta las startups más innovadoras– deben invertir en herramientas que les permitan conocer a sus contrapartes en tiempo real.
Esto no es solo para evitar pérdidas, es para construir un ecosistema financiero fuerte, transparente y que dure en el tiempo.
El open banking es, sin duda, la autopista del futuro. Pero para recorrerla con seguridad, necesitamos los mejores sistemas de navegación.
La clave no está en abrir las puertas sin más, sino en saber a quién se las abrimos.