En ese mismo orden entran quienes tienen oculta la opción de visualización del mensaje leído. Parece que ellos desconocen que sí hay forma de descubrir que el mensaje ya fue leído, aunque no se marque azul, pero no entiendo para qué quieren guardar como un halo de misterio si ya leyeron o no, supongo que esta acción les permite sentir que no tienen la obligatoriedad de contestar, y es ahí cuando temo que ese comportamiento es parte de la nueva forma en la que mucha gente ha elegido vivir, huyendo del compromiso y evitando dar la cara. Parecería que hay un grupo grande de personas que temen al contacto real con otros seres humanos. No responden llamadas, no hablan por teléfono y el celular lo usan para escribir, ver video o enviar mensajes, pero siempre lejos del contacto humano.
Por tanto, creo que es importante tener claro que el teléfono fue inventado para comunicarse y acortar la sensación de distancia, es decir, estar cerca sin estarlo físicamente. Entonces, sin importar la actividad que estemos desarrollando es fundamental comprender que si nuestros padres, pareja o hijos nos necesitan, todo lo que estemos haciendo debe pasar a un segundo plano; es evidente que si estamos rodeados de personas en una ponencia no podemos detenernos para contestar una llamada, aunque he visto personas hacerlo, y en mi caso, he detenido mi clase para contestarle a mi papá porque los padres no serán eternos, porque los hijos se van y porque nuestra pareja puede ser nuestro hogar, así que si recibimos su llamada tenemos un privilegio y no podemos despreciarlo. Tengamos claro que las tareas profesionales, deportivas o intelectuales pueden esperar cuando algunas de las personas antes mencionadas nos llaman.
Finalmente, en tiempos egoístas y mezquinos, en los que el ego nos puede hacer creer que somos demasiado importantes para hacer una pausa y responder un mensaje o, por el contrario, tenemos tanto miedo de recibir una amonestación, seamos valientes en tener claras las prioridades y recordemos que nadie es irreemplazable en el trabajo, solo lo somos para nuestra familia, y si ellos nos buscan debemos estar. Corolario, me quedo con las palabras de Sófocles: “El que es bueno en la familia es también un buen ciudadano”.