Opinión
Periodista
Es sorprendente observar cómo los contenidos que ciertos influencers comparten en internet pueden acumular en poco tiempo impresionantes cantidades de “me gusta” y comentarios de perfiles con nombres extraños, casi vacíos de publicaciones y con fotos genéricas. Detrás de este fenómeno están los “famosos” bots, programas informáticos diseñados para ejecutar tareas automáticas en internet.
En algunos casos, estos bots son útiles, como la creación de rastreadores de páginas web, y en otros, perjudiciales, como el uso de cuentas falsas para inflar el número de seguidores, manipular conversaciones o robar datos.
Lo más preocupante es que desde la pandemia ha crecido extraordinariamente su creación, hasta el punto de que la mayoría del tráfico en internet ahora proviene de estos programas. Según el Informe Imperva Bad Bots 2025, hoy, el 51% del tráfico automatizado en internet proviene de bots, y el 49% de seres humanos. De ese total, 37% es originado por bots creados para estafar y robar (32% en el 2023 y 19% en el 2015), problema que está afectando profundamente a Estados Unidos (53% de todos los ataques en el 2024), y en menor medida a Brasil y Reino Unido (6%). En Latinoamérica, los más atacados fueron, además de Brasil, México, Colombia y Chile.
¿Por qué se está produciendo este aumento? Esencialmente porque se está usando la IA para crear e implementar con rapidez bots maliciosos muy sofisticados, para evitar que estos programas sean detectados y analizar por qué fallan sus intentos de infiltración.
Ahora bien, si los bots son capaces de vulnerar sistemas robustos, ¿qué no podrían hacer con la opinión pública? Es aquí donde entran en juego los influencers que compran seguidores falsos, inflan interacciones y viralizan contenidos sin sustento. Lo hacen porque resulta rentable: las redes sociales y otras plataformas privilegian la cantidad sobre la calidad informativa. El ciudadano, en cambio, pierde, pues consume información adulterada que lo podría llevar a tomar decisiones equivocadas.
El periodismo serio queda en desventaja: ¿Cómo puede competir contra millones de clics falsos? Sin duda, su arma más poderosa es única: ética, un valor que ningún bot puede imitar. A esta altura conviene recordar, además, que la calidad también genera ingresos porque la autenticidad cada vez es más valorada. En esa línea, los medios que priorizan la ética desempeñan un papel crucial en la sociedad y encuentran oportunidades comerciales porque los usuarios son cada vez más conscientes de la calidad de la información que consumen.
Ya existen múltiples casos de medios digitales que al demostrar un compromiso genuino con la verdad están obteniendo recursos para solventar sus actividades. Así, el periodismo ético no solo es urgente para salvaguardar la democracia y la sociedad, sino que también representa un modelo de negocio sostenible.