• MARTES 12
  • de mayo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Las trampas de los ‘papers’


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Algunas instituciones pagan porque un ejército de productores de documentos coloque su nombre institucional en la feria de papers.  

Sin embargo, además del carácter tramposo de este fenómeno, en el que ciertos individuos elaboran papers con artimañas y cómplices para producir una megaproducción académica —inhumana, matemática y psicológicamente imposible—, constituye un evidente despropósito que ninguna organización active alarma alguna, salvo la complacencia ante el exceso engañoso o, peor aún, una silenciosa complicidad, porque el mercader exhibe resultados —muchos de ellos inescrupulosos— que impactan en los rankings. Un pacto infame, como hubiera insistido el punzante González Prada.

A su vez, esta suerte de elevación épica en cantidades industriales es una ilusión perversa para el país. La mayoría de esa masa de documentos tiene poca relación con encontrar soluciones concretas para las tan difíciles problemáticas del Perú. Cual mundos paralelos, el universo de artículos académicos tiende a minimizar los análisis que puedan ser útiles contra las históricas brechas sociales. En una sorprendente flexibilidad temática hay autores que publican tal variedad de tópicos que son una oportunidad para analizarlos como un fenómeno no solo ético, sino también sociológico. Hay un quiebre moral irreversible en estos investigadores que han cedido a esa atractiva seducción de las monedas cambiadas por su paper publicado. La ciencia peruana, de ese modo, implosiona hace años ya ante ese descaro desvergonzado de quienes son sus verdaderos enemigos. Estos están dentro del propio sistema y desde allí la carcomen, la corroen con descaro y vileza.

Las universidades peruanas, al estar sometidas a una estructura global que busca definir la calidad educativa, han planteado respuestas institucionales, a las cuales unos inescrupulosos le han dado vuelta y aprovechado para sus propios intereses egoístas que poco tienen que ver con el bien común. Por ello, un giro real y honesto es ajustar los criterios por las cuales se reconoce la producción de artículos: estos deben responder a plantear soluciones a las debilidades y desafíos del país y, claro, poner un límite de cantidad razonable a lo confeccionado; además de limitar con prudencia y equilibrio la proporción temática de los documentos divulgados. El reto es ineludible; por ello hay que insistir con rigor en la eficaz implementación de los controles y las validaciones por parte de las universidades y los órganos administrativos.