Cultural
Claude relató en más de una ocasión, seguro con el mismo gesto de ironía que le recordaba a su padre, cómo se inició precozmente en su vocación. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, encargaron a su padre 200 prisioneros alemanes. Cuando los entrevistó para ver en qué los ocupaba en la fábrica de papel que dirigía, un soldado de la Wehrmacht le rogó que le asignara un trabajo que no maltratara sus manos.
“¿Qué tiene usted en sus manos?”, preguntó su próximo patrón. El interrogado respondió que había sido chelista en un conjunto musical de su natal Achern, además de ser grabador y pintor. Dieterich dijo entonces en concluyente alemán: “Ah, yo tengo un hijo que dice que es artista. Cenemos en mi casa esta noche”.
Fue de esta manera que Claude tuvo sus primeras lecciones de arte, aunque ya durante la guerra se reveló, más que como artista, como un gran artesano, como él prefería considerarse. No una exhibición ni un gran concurso reclamaron sus talentos: empleando una papa, calcó el sello de las boletas de racionamiento para imprimirlo sobre un papel previamente planchado para imitar el satinado de los originales.
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Identidad. El logotipo de la Comunidad Andina de Naciones es una de las creaciones más reconocibles del maestro Dieterich, inspirado en símbolos de fertilidad y paz que observó en relieves mochicas.
Dieterich hizo su primera gran exposición individual en Lima, titulada Sobreviviente. Antes participó en numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en Ciudad de México, San Luis de Potosí y San Francisco. Sus piezas de caligrafía están además en varias importantes colecciones del mundo, como el Museo de la Caligrafía de Moscú, y muchas otras privadas. Dictó también lecciones de caligrafía en numerosas conferencias internacionales.
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Legado. La caligrafía de Dieterich y su elegante declaración de principios.
Una vida en el arte
Nacido en Colmar (Alsacia) en 1930, cuando empezó la guerra su familia se asentó en Avignon. Graduado en arte y diseño, trabajó en París durante diez años en diseño editorial, de libros e interiores. Fue pionero en la enseñanza de diseño gráfico en la Pontificia Universidad Católica del Perú y luego alumno del legendario calígrafo y tipógrafo Hermann Zapf en el Rochester Institute of Technology.
Vivió un par de años en la Gran Manzana, cinco en Miami y después en San Francisco, donde enseñó caligrafía y diseño de letras durante 22 años en la prestigiosa Academy of Art University. Terminó sus días en su hogar frente a Chorrillos. (Daniel Soria)