Opinión
The Economist estima que las búsquedas globales han disminuido un 15% en el último año, afectando tanto a grandes medios de comunicación como a pequeños creadores de contenido que dependen de la visibilidad para sobrevivir.
La IA está asfixiando el tráfico hacia la mayoría de los sitios de contenido, poniendo en jaque el modelo económico de Internet, que depende de la publicidad en línea. Sin un tráfico humano sostenible, muchas plataformas se verán obligadas a reinventar sus modelos de negocio para permanecer a flote.
La situación se vuelve aún más crítica al analizar los resultados de una encuesta de ESET sobre los hábitos de uso de la IA en 17 países latinoamericanos, incluido Perú. El 80% de los encuestados afirmó utilizar IA, pero el 55% admitió que no siempre verifica la información que recibe. Camilo Gutiérrez Amaya, jefe del Laboratorio de Investigación de ESET, advierte que “si bien los modelos de IA pueden proporcionar información precisa, no están exentos de generar respuestas incorrectas o sesgadas”.
Además, el 40% de los encuestados reveló que comparte información personal y laboral con la IA, y casi el 60% no se toma el tiempo de leer las políticas de privacidad. Esto incrementa el riesgo de que “un ciberatacante induzca a la IA a ofrecer instrucciones erróneas o información falsa”, puntualiza Gutiérrez Amaya.
Las preocupaciones sobre la privacidad y la recopilación de datos son cada vez más evidentes. The Economist destaca que “la naturaleza de Internet ha cambiado por completo”, lo que nos obliga a verificar la información y a prestar más atención a las políticas de privacidad.
Adoptar una postura más segura frente a la IA implica verificar la información, proteger nuestra privacidad y ser críticos con el contenido que consumimos. “El desafío es llevar a cabo un uso más consciente de la IA”, concluye Gutiérrez Amaya.
Es evidente que la IA puede enriquecer nuestras vidas, pero es urgente reconocer que su uso irresponsable puede llevarnos por un camino oscuro y peligroso. Como enfatiza Gutiérrez Amaya, “la solución no está en temerle a la herramienta, sino en acciones concretas para usarla de forma crítica y segura”.