• VIERNES 13
  • de marzo de 2026

Derecho

FOTOGRAFIA
DERECHO

Suplemento Jurídica: El Peruano: 200 años de historia entre la ley, la libertad y la palabra

Orígenes del Diario Oficial El Peruano


Editor
Raúl Chanamé Orbe

Jurista. Ex Decano del Colegio de Abogados de Lima. Catedrático


Vinculada desde sus orígenes a modelos e incipientes técnicas europeas, la actividad periodística cumplida en el Perú desde fines del siglo XVI hasta comienzos del siglo XIX cabe en el esquema metodológico elaborado por los fineses Pertti Hemánus y Tapio Varis, según quienes en la historia del periodismo se advierten tres fases o momentos: i) periodismo de élite, ii) periodismo político y iii) periodismo comercial. Tales momentos se definen, según el carácter de la sociedad.

1) Inicios de la prensa nacional

El Diario de Lima, editado por Jaime Bausate y Meza, que apareció por vez primera el 1ro. de octubre de 1790 bajo el epígrafe «Diario Curioso, Erudito, Económico y Comercial», permanecía en los marcos de la fase del periodismo de élite (aunque ya en Europa se vivía la fase siguiente) y ese carácter no lo modificaba el hecho de traer en parte de sus cuatro páginas anuncios comerciales. ¿Anuncios comerciales? ¿De qué productos o mercancías? Pues de esclavos, ¡de venta de esclavos! Cuando cesó de aparecer, el 26 de setiembre de 1793, el Diario de Lima tenía un serio y superior competidor. Editado y gerenciado por Jacinto Calero y Moreira, impreso por Bernardino Ruiz y redactado, entre otros, por Hipólito Unanue, José Baquíjano y Carrillo, José María Egaña y Diego Cisneros, el 2 de enero de 1791 vio la luz el bisemanario Mercurio Peruano de Historia, Literatura y Noticias Públicas que da a luz la Sociedad Académica de Amantes del País.

La historia ha consagrado la importancia trascendental del Mercurio Peruano, periódico científico en cuyas páginas se empezó a plasmar con ilustrado patriotismo la imagen cultural y social de nuestro país, hasta el punto de trazar gran parte de sus contornos físicos y espirituales. Fue esta sobresaliente publicación la pionera más notable en el proceso de construcción de nuestra identidad nacional. Y no pertenece al azar que junto al nombre de Mercurio - deidad griega del correo y del comercio- se emplee por primera vez como titular de un periódico el sustantivo adjetivo Peruano, por sí mismo toda una afirmación de personalidad social delimitada, distintiva y pletórica de valores, así como expresión de dignidad, de libertad, de autonomía.

En rigor, no podríamos incluir al Mercurio Peruano en la fase de la prensa política. Permitido (o consentido) por el régimen colonial, se le prohibía expresar opiniones avanzadas, si bien la sola defensa de la visión ilustrada de la realidad constituía una negación de escolasticismo ?, en última instancia, una amenaza al predominio político de este. Por ello, le salió al paso el Semanario Crítico, dirigido por el franciscano español Antonio Olavarrieta, que tuvo 16 números dominicales desde junio de 1791.
El Mercurio Peruano interrumpió su existencia con el número correspondiente a setiembre-diciembre de 1794, que pudo circular solo al año siguiente. Los funcionarios de la Corona y de la Inquisición sí lo consideraban una publicación conspirativa y poco menos que insurreccional. Signo de que, sin ser expresamente político, el Mercurio Peruano debilitaba los soportes del régimen virreinal, tanto o más que las rebeliones cruentas. Esa es una buena razón para considerarlo entre los precursores de la fase de la prensa política.

2) La Libertad de imprenta

Dieciséis años después, la resistencia de España a la invasión napoleónica favoreció las propuestas del liberalismo y produjo las Cortes de Cádiz, de las cuales, a su vez, nació la Constitución de 1812. A partir de 1810, la ciudad andaluza y cuanto representaba entonces como centro de un nuevo orden ganó para ella el título de «cuna del periodismo político».

Por otro lado, en el Perú, el virrey Fernando Abascal dispuso la publicación del decreto acerca de la libertad de imprenta apenas llegó a sus manos. El decreto apareció en la Gaceta del Gobierno el 18 de abril de 1811. Se añadió a él la nómina de los miembros de la Junta Provincial de Censura, en cumplimiento del artículo pertinente del mismo decreto.

Para que sopesemos la importancia de esa disposición de las Cortes fechada el 16 de octubre de 1810, transcribimos en seguida su artículo primero: «Todos los cuerpos y personas particulares, de cualquier condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas, sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las restricciones y las que se expresarán...».




3) Despertar periodístico peruanista

Esta revolucionaria ley de imprenta abrió paso a un torrente de publicaciones, poco tiempo atrás imposible de concebir, a pesar de que ya en febrero de 1811 (dos meses y medio antes de la publicación limeña de la disposición) había aparecido el manuscrito Diario Secreto de Lima, del cual se editaron nueve números. Lo elaboraba un grupo encabezado por el abogado colombiano Fernando López Aldana integrado por Manuel del Río –hijo del mayor editor limeño de entonces, Guillermo– y por José de la Riva Agüero Sánchez Boquete. La circulación del Diario Secreto de Lima se extendió hasta Trujillo, Buenos Aires y Bogotá.

Repuestos todos de la sorpresa producida por la Ley de Imprenta, cerca de cinco meses después de publicada aquella por Abascal, el impresor Guillermo del Río y colaborador Gaspar Rico y Angulo (redactor) fundaron el primer periódico que sale en nuestra historia con el logo de El Peruano, si bien hay muchas distancias –y de todo orden– entre la publicación de Rico y del Río, y de su homónima fundada por Bolívar, que sale a la luz el 13 de mayo de 1826.

De El Peruano de Guillermo del Río y de Gaspar Rico y Angulo se publicaron 86 números (del 6 de setiembre de 1811 al 9 de junio de 1812, bisemanalmente), con páginas que variaban de cuatro a ocho y con un formato de 12 por 18.5 cm. La suscripción anual para Lima costaba 15 pesos. Era impreso por Pedro Oyague y Bernardino Ruiz en la Imprenta de los Huérfanos y Casa de los Niños Expósitos.
El bisemanario se adhería al proceso liberal español. Y su principal redactor –Rico y Angulo– se desenvolvía, según Ascensión Martínez Riaza, «entre el liberalismo crítico, la apología del constitucionalismo y la lucha por que el Perú evolucionara hacia metas de progreso y felicidad, hasta la cerrazón intelectual centrada en la defensa de posiciones absolutistas en sus últimos días con el recurso no a los argumentos elaborados y consecuentes que la habían caracterizado en la etapa de El Peruano, sino a la burla y al insulto burdos e inconsecuentes de los últimos días de El Depositario».

En efecto, Gaspar Rico y Angulo, al comienzo liberal y radical, se convirtió en un absolutista recalcitrante y en enemigo de la independencia, lo que llevó a Porras Barrenechea a definirlo como un «atrabiliario». Para contraatacar el radicalismo El Peruano de Rico y Del Río, el virrey Abascal promovió la publicación de El Verdadero Peruano, que era dirigido por Tomás Flores. Allí colaboraron Hipólito Unanue, Juan Manuel Valdez, José Joaquín Larriva, Félix Devoti y José Pezet.

El Verdadero Peruano aparecía semanalmente y alcanzó 45 números (del 22 de setiembre de 1812 al 26 de agosto de 1813). Tenía ocho páginas y su tamaño era de 14.5 por 21.5 cm. Fue también trabajado por Bernardino Ruiz en la Imprenta de los Huérfanos. Por último, se le define como liberal reformista.

El Satélite del Peruano fue eso: un auxiliar del periódico redactado por Gaspar Rico. Lo dirigía Guillermo del Río y lo redactaba Fernando López Aldana (quien, junto con Riva Agüero, había escrito antes el Diario Secreto). Su número de páginas era variable, con un formato de 19 por 25.5 cm. Se imprimía en la Casa de los Niños Expósitos. Apareció del 1 de marzo al 30 de junio de 1812, una vez al mes, y alcanzó 4 números y una introducción.

De El Peruano Liberal aparecieron 18 números (principios de octubre al 29 de noviembre de 1813, bisemanalmente). Su número de páginas era variable, con un formato de 14.5 por 19 cm. Se editaba en la Imprenta Peruana de la Calle de los Judíos, bajo la dirección de José Pezet. Este bisemanario monopolizaba las informaciones acerca del Ayuntamiento de Lima, y sus concepciones podían ser definidas como liberales reformistas.

Hasta aquí, hemos descrito sucintamente, cuatro periódicos que incluyen en su denominación el término Peruano: El Peruano, El Verdadero Peruano, El Satélite Peruano y El Peruano Liberal. Podríamos añadir el título del célebre Mercurio Peruano, editado en 1790-1793, y aun los gacetilleros El Telégrafo Peruano y La Minerva Peruana de los primeros años del siglo XIX.

Pero el veranillo favorable al radicalismo de los periódicos del Rico, Del Río y López Aldana pasó pronto. En una primera etapa, Abascal les aplicó dispositivos de la propia Ley de Imprenta para suprimirlos. Y el 4 de mayo de 1814, Fernando VII restauró la monarquía absoluta, derogó la Constitución de 1812 y acabó con las Cortes.

4) La efervescencia de la prensa independentista

Luego, entre la salida de los periódicos mencionados y la aparición de los que, bajo nombres semejantes o idénticos, inspiraron al Libertador Simón Bolívar, medió más de un decenio –corto, pero riquísimo–, caracterizado por la intensidad de las luchas por la independencia. Antes de este período, los combates contra la metrópoli eran, digamos, solo descentralistas: en lo principal, se planteaba únicamente una autonomía relativa, casi nunca la separación de la metrópoli colonial ni la soberanía plena.

Cuando el Libertador José de San Martín entró en Lima, diez meses después de desembarcar en Paracas, declaró al marino escocés Basil Hall lo siguiente: «quiero que todos los hombres piensen como yo, y no dar un paso más allá de la marcha progresiva de la opinión pública; estando ahora la capital madura para manifestar sus sentimientos, les daré oportunidad de hacerlo sin riesgo... La opinión es máquina recién introducida a este país; los españoles, incapaces de dirigirla, han prohibido su uso, pero ahora experimentará su fuerza e importancia».

San Martín promovió tres tipos de publicaciones. El Primero de ellos era de carácter militar o de campaña: proclamas y decretos dirigidos a reemplazar el poder de los realistas. Así, tenemos el Boletín del Ejército Libertador (1820-1821) y el Boletín del Ejército Unido Libertador del Perú, redactado por Bernarde Monteagudo en Pisco, Ancón, Supe, Huara y Barranca (6.V.1820-20-VI-1821).

El segundo tipo de publicación fue de carácter oficial y, sobre la base de la modificación de La Gaceta del Gobierno orientada por el virrey Abascal, se encargó su redacción al doctor Gregorio Paredes. Delimitándose, San Martín encargó a Tomás de Heres la redacción de La Gaceta del Gobierno de Lima Independiente, cuyo primer número apareció el 16 de julio de 1821. Poco tiempo después, el periódico volvió a llamarse Gaceta del Gobierno y continuó con ese título en tiempos de Simón Bolívar, con el carácter de periódico oficial. El mismo año 1821, San Martín decretó que la Gaceta de Gobierno tuviera la exclusividad de «Los bandos (y) cualesquiera providencias de oficio». Prohibió la publicación de estos a «los editores de papeles públicos» para evitar que los decretos o documentos gubernamentales apareciesen incompletos o con incorrecciones.

El tercer tipo de publicación promovido por San Martín fue la prensa propiamente de opinión. En este nivel sobresalen dos periódicos auspiciados o redactados por Monteagudo. Uno fue El Pacificador del Perú, que tuvo 4 páginas y un formato de 15 por 32 cm, con periodicidad cada diez días. Aparecieron un prospecto y 13 números del 10 de abril al 1 de setiembre de 1821. El segundo fue El Sol del Perú, también de 4 páginas, en formato de 21 por 30 cm. Aparecieron 10 números, del 14 de marzo al 27 de junio de 1822, semanalmente. La presencia de Monteagudo daba a estos periódicos un rumbo eminentemente político.

Pero, por cierto, la prensa de opinión no se reducía a los periódicos prosanmartinianos. Enfrentados a Monteagudo con una propuesta republicana, los liberales José Faustino Sánchez Carrión, Francisco Javier Mariátegui, Mariano Tramarria, Manuel B. Ferreyros, Manuel, Andrés y Santiago Negrón, entre otros, con el respaldo de los impresores José Masías, Guillermo y Manuel del Río y algunos más, editaron asimismo publicaciones que influyeron decididamente en cambios políticos relativamente radicales. Citaremos, en primer lugar, el bisemanario La Abeja Republicana, el que se publicaron 60 números, del 4 de agosto de 1822 al 7 de julio de 1823. Tenía 8 páginas, con formato de 8.5 por 14 cm. A partir del cuarto trimestre se convirtió en semanario. Escribían allí Sánchez Carrión, Mariátegui, Ferreyros, Tramarria y los hermanos Negrón. Tenemos luego el bisemanario El Tribuno de la República Peruana, que alcanzó 9 números, del 28 de noviembre al 26 de diciembre de 1822, ligado en particular al «Solitario de Sayán», es decir Sánchez Carrión, su redactor principal. Su formato era de 19.5 por 24.5 cm, de paginación seguida con un total de 146. No menor importancia posee un periódico editado dos años después de la partida de San Martín, tras la cual nuestro país padecía la lucha de facciones internas y la guerra de independencia continuaba estancada. Como es sabido, primero en agosto y, culminando, el 9 de diciembre de 1824, la situación se revirtió definitivamente. Al tiempo que rendían sus pendones los colonialistas, quedaba sellada la libertad política de América, incluido el Perú. Tras la victoria de Ayacucho, el Libertador consideró que la lucha solo podría culminar con la unidad total de América Latina mediante la conformación de la Federación de los Andes, previa redemarcación territorial, constitución de nuevos estados y relaciones modernas entre todos ellos, lo que, a su vez, determinaba la necesidad de acabar con los remanentes del colonialismo expresado en las supervivencias internas del conservadurismo godo.

Libertad de imprenta
Numerosos americanos, y particularmente peruanos residentes en la península, se involucraron y fueron incorporados al movimiento que postulaba el régimen monárquico-constitucional, pero que, por sobre todo, afirmaba la soberanía popular.
Correspondió al ilustre abogado peruano Vicente ??rales Duárez - incorporado a las Cortes como diputado el 20 de setiembre de 1810-argumentar en favor de la libertad de imprenta. El 16 de octubre del año citado inició una serie de discursos que culminaron tres días más tarde con la aprobación de los primeros artículos del proyecto. Y el 11 de noviembre fue sancionada por mayoría la ley completa. En la campaña por ese derecho había correspondido un papel relevante al Diario Mercantil de Cádiz, inspirador de ideas similares en nuestro propio país.



5) Sobre los orígenes de El Peruano de Bolívar

Con esos fines, para librar la guerra de la opinión, Bolívar promovió el incremento de la prensa. Entre los periódicos que inspiró figuran El Observador, encargado a José de Larrea y Loredo (bajo la tácita supervisión de Tomás de Heres, militar que asumió tareas semejantes en época de San Martín) y El Peruano Independiente, cuyo primer número apareció en octubre de 1825, bajo directa responsabilidad del propio De Heres.
Así lo demuestra, por ejemplo, el contenido de una carta dirigida a Bolívar el 29 de julio de 1825, en la que hay referencias a las publicaciones citadas. En carta de Tomás de Heres a Simón Bolívar, datada en Lima el 25 de octubre de 1825, aquel escribe: «...adjunto el primer número de El Peruano Independiente redactado por orden de VE». En nueva carta, del 29 de octubre del mismo año, anota: «Ha habido bastantes fiestas por San Simón, y un espíritu público que me ha gustado mucho. Yo diré algo sobre esto en el número 3 de El Peruano».

Agregaremos aún otras referencias semejantes, halladas en la correspondencia entre Tomás de Heres y Bolívar: «A consecuencia de sugestiones malignas de un fraile godo y perjudicialísimo, director espiritual del señor Unanue, sé que este señor se ha incomodado mucho por los artículos del número 4 de El Peruano. Primero, el que habla de los libros que los papeles ministeriales de Francia reputan perjudiciales, y segundo, el que habla de santos y milagros» (carta del 14 de noviembre de 1825).

Acompaño a VE, los números 5, 6 y 7 de El Peruano Independiente. Después que escriba el número 8, en que hablaré de la acción de Ayacucho, pasará el papel a otras manos; sin que por esto deje yo de trabajar» (carta del 2 de diciembre de 1825).
«En El Peruano observará VE.: 1. Que no impunemente zahieren a VE. 2. Que he cumplido sus encargos sobre Chile; aunque por prudencia no he querido decir tanto como VE. Me indicó, porque consideré que estaría incómodo cuando me escribió eso, y que después reflexionaría que no sería conveniente inflamar los ánimos con personalidades» (carta del 2 de diciembre de 1825, P.S.).
«Por los papeles de Buenos Aires que remite a VE. El general Santa Cruz y por lo que verá en El Peruano, podrá observar VE. Que los argentinos y chilenos se han quitado enteramente la máscara para hacer la guerra a VE. Y a los colombianos».
«Nunca me cansaré de repetir, que sólo el nombre de VE. El que sostiene este edificio que aparece tan hermoso y gigantesco. Yo he hecho que por toda respuesta se diga en El Peruano, que VE. Volverá muy pronto y con enormes fuerzas...»
«Por el mismo Peruano verá VE. En el comprometimiento que se ha puesto don Juan Salazar, por su libre gusto. Veremos cómo sale del paso dificultoso en que se halla» (los tres últimos fragmentos, en carta del 16 de setiembre de 1826).

«En algunos números de El Peruano tomaré por mi cuenta a los señores de Chile, para que nos paguen las infinitas que nos están haciendo todos los días. Al caso de El Peruano. Me cuesta mil fatigas e incomodidades, por la flojera del país y por mil razones más. Yo lleno materialmente todo el trabajo, y el papel contiene seis pliegos de manuscrito. Sólo V.E. podría haberme metido en esto, y aun así, sólo VE. Podrá obligarme a continuar» (carta del 2 de noviembre de 1825).

La lectura de los fragmentos de cartas de Tomás de Heres a Simón Bolívar nos debe llevar a algunas conclusiones interesantes. En primer término, nos permite reconocer a Simón Bolívar como el principal promotor de la prensa libertadora. Él se apoya en una persona tan disciplinada y capaz como De Heres para llevar a cabo la tarea. En segundo término, nos deja ver que la lucha por la unidad continental –paso consecuente luego de lograda la victoria sobre España– implicaba la defensa del líder que la encarnaba, es decir, Bolívar. En tercer término, nos permite saber de la existencia de un periódico denominado El Peruano Independiente, bisemanario, al que indistintamente se le llama El Peruano o Peruano y que supondríamos cesó su publicación cuando apareció El Peruano como gentilicio en mayo de 1826. Ambas publicaciones fueron impulsadas por El Libertador.