Opinión
Profesor de Pacífico Business School
El Día Mundial de la Calidad es una fecha oportuna para reflexionar sobre el valor estratégico que esta aporta a las organizaciones, y también para mirar el futuro de los sistemas de gestión de la calidad, en particular con la próxima edición de la norma ISO 9001 prevista para el 2026.
La calidad no es solo un “costo” o un requisito, sino también un generador del valor para el cliente (mejor experiencia, mejores resultados), el valor para la empresa (menores costes, mayor reputación), y el valor para los intereses de largo plazo (innovación, resiliencia, sostenibilidad).
Para mantenerse relevante ante los desafíos del entorno como la digitalización, la globalización, la sostenibilidad, el riesgo, las cadenas de suministro complejas, la nueva ISO 9001:2026 nos traerá cambios.
Por ejemplo, la norma no solo permite un mayor énfasis en liderazgo ético y la cultura de calidad, sino que también en procedimientos formales, la clarificación y la separación de los requisitos sobre riesgos y oportunidades. Además, posibilita la integración de aspectos relacionados con sostenibilidad, cambio climático o resiliencia organizacional.
Las organizaciones certificadas bajo la versión actual (ISO 9001:2015) tendrán un período de transición de hasta tres años, desde que la nueva versión esté publicada.
Aunque los cambios no parecen ser radicales (más bien una evolución), es estratégico comenzar a prepararse desde ahora, pues temas como cultura, liderazgo y digitalización requieren tiempo para madurar.
La calidad se ha vuelto un pilar fundamental de la propuesta de valor de las organizaciones por varias razones.
En primer lugar, se logra la confianza del cliente. El operar bajo altos estándares de calidad transmite seguridad. Asimismo, los productos o servicios cumplen lo que promete, lo que fortalece la lealtad del cliente y mejora la reputación.
En segundo lugar, se consigue una diferenciación competitiva. En mercados maduros o muy saturados, la calidad puede marcar la diferencia. Las organizaciones que logran calidad sobresaliente se posicionan mejor.
Además, la calidad se ha vuelto un pilar esencial porque facilita la eficiencia interna y reducción de costos. Se puede lograr un sistema de gestión de calidad bien diseñado que ayuda a reducir desperdicios, retrabajos, despilfarro de recursos o devoluciones.
Asimismo, mejora continua y agilidad. La calidad implica un enfoque sistemático que observa procesos, los mide, los mejora. Esto permite a la organización adaptarse más rápido a cambios del entorno.
Por último, se persigue una visión integral y sostenibilidad. La calidad se entrelaza con aspectos clave como la sostenibilidad, la ética, la digitalización y la cadena de suministro global.
El Día Mundial de la Calidad es una oportunidad para recordar que la calidad no es opcional, es estratégica. Las organizaciones que entienden la calidad como parte intrínseca de su propuesta de valor generan ventajas competitivas sostenibles.