Central
A las 5 de la mañana, abre las cortinas y se dirige a la cocina, donde muele granos tostados para luego colocar de dos a tres cucharadas en el filtro de la cafetera metálica que heredó de su padre, quien también le dejó su amor por el campo. Con una paciencia infinita, el octogenario vierte chorros de agua hervida cada cuatro minutos en el utensilio.
Cuando el aroma a café reina y abarca el hogar, se sirve la esencia en una taza de loza y goza el sabor que consigue tras un arduo trabajo en su huerta. “Lo mejor de la vida es disfrutar las pequeñas cosas que nos da la tierra”, explica el adulto mayor, quien es parte del programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, después de dar un sorbo y sonreír con esperanza.
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Luego de un suspiro, el señor Paniagua Ballesteros afirma que el café es uno de los tesoros de su provincia y del departamento de Pasco. Detalla, además, que el clima templado y húmedo, característico de la selva alta, contribuye a que este fruto, del tipo arábico, crezca con un alto valor, que se observa en la semilla (grano), el exocarpio (cáscara), mesocarpio (pulpa) y el disco (ombligo).
Desde su punto de vista, uno de los secretos está en su compost, un abono orgánico que obtiene de las cáscaras de otras frutas y restos de café que fermenta en una cabina de madera que preparó con sus manos. “Lo dejo ocho días en reposo y luego ya lo preparo para echarlo a las plantas”, describe.
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Este 2025, don Eladio ha promocionado su emprendimiento en los Encuentros de Saberes Productivos que organiza el programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), por disposición de la ministra Lesly Shica, junto a los gobiernos locales, con la finalidad de promover comercios con base en conocimientos ancestrales que ofrecen los adultos mayores.
“Entre febrero y marzo sale la cosecha de café, me da unos 200 kilos que vendo en bolsitas de medio kilo en actividades, o si me hacen pedidos al 96544-3983, cuento con ayuda y apoyo de mi hija, a quien siempre le digo que no hay nada mejor que un café recién pasado”, sostiene el señor Paniagua, un pequeño caficultor que recoge los insumos de su amada Huancabamba y obtiene un producto lleno de sabor, que transmite historia, costumbre y tradición en cada taza.
Experimenta con injertos
Paniagua también sorprende con experimentos en su huerta, como los injertos que realiza con las plantas de palta, con el objetivo de tener una fruta más rica y con una mayor consistencia. El usuario del programa social cuenta que empezó de manera autodidacta, luego de su paso por un vivero, donde observó la forma en que los especialistas combinaban tallos y frutos para ofrecer un mejor resultado. Con el tiempo, decide replicar lo aprendido en su campo y profundizar sus conocimientos, logrando una exquisita palta, reconocida en algunas localidades de Oxapampa. “Curioseando conozco más cosas a la hora de sembrar y cosechar”, detalla el emblemático octogenario de la localidad de Quillazú.