• MIÉRCOLES 20
  • de mayo de 2026

Editorial

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Gas natural en colegios

Al facilitar la preparación de la lonchera escolar con un recurso que el país produce se establece una conexión tangible entre la riqueza del subsuelo y la nutrición infantil.

Las inversiones impulsadas por el Ministerio de Energía y Minas (Minem) en la masificación de este recurso no deben interpretarse como un simple trámite burocrático, sino como la aplicación práctica de una política de Estado que busca activamente reducir las profundas brechas sociales y energéticas que históricamente afectaron a nuestro país. Este esfuerzo por llevar la red de gas a los sectores más vulnerables es un compromiso tangible de convertir la riqueza del subsuelo en capital social y bienestar para el ciudadano de a pie.

A la fecha, el avance es significativo porque 860 colegios ya se benefician del acceso al gas natural en siete regiones clave. Este dato, lejos de ser solo una estadística administrativa, revela el impacto social directo en miles de estudiantes y docentes.

La conexión a la red de gas, materializada mediante el programa Bonogas, garantiza un suministro de energía más económico y con un menor impacto ambiental en los centros educativos. La gestión de la viceministra de Hidrocarburos, Iris Cárdenas, al liderar la ceremonia de reconocimiento en la I. E N° 3047 Río Santa, en el distrito de Los Olivos (Lima), subraya que esta es una inversión que toca directamente el bienestar de la comunidad.

Al facilitar la preparación de la lonchera escolar con un recurso que el país produce se establece una conexión tangible entre la riqueza del subsuelo y la nutrición infantil.

El programa Bonogas, financiado con recursos del Fondo de Inclusión Social Energético (FISE), tiene una visión que trasciende las aulas. La cifra, que supera los 4.9 millones de soles en inversión, contempla la expansión del suministro a más de 1,300 instituciones de índole social.

Aquí es donde la inversión se enfoca con precisión en la vulnerabilidad. Esta iniciativa no solo abarca colegios, sino también comedores populares, ollas comunes, vasos de leche, albergues y orfanatos. Estos son los verdaderos pilares de la asistencia comunitaria, y dotarlos de gas natural es un acto de justicia distributiva. Por lo tanto, el uso de gas natural optimiza la gestión del servicio de alimentación y también crea un entorno más saludable al ser un combustible menos contaminante.

La transición energética hacia el gas natural, en estos contextos sociales, es un paso significativo hacia un país más sostenible y justo. El programa, que ya cubre Lima, Callao, Ica, Áncash, La Libertad, Lambayeque y Cajamarca, demuestra la viabilidad de la masificación.

El beneficio no es solo ambiental o de salubridad, sino también profundamente económico para estas instituciones, liberando recursos que antes se destinaban a combustibles más caros. Esta eficiencia económica se traduce inmediatamente en un mayor alcance de sus programas sociales.

El enfoque en la inversión de impacto social mediante el gas natural es la vía correcta para convertir los recursos naturales en capital social y asegurar que la prosperidad energética llegue primero a quienes más la necesitan.