Opinión

Embajador de la Delegación de la Unión Europea en el Perú
En términos simples, la economía circular propone cerrar los ciclos de producción, extendiendo la vida útil de los productos, reduciendo la generación de residuos y reincorporando los materiales a los procesos productivos una y otra vez. Se trata de una transformación profunda en la manera en que producimos, consumimos y concebimos el desarrollo.
La Unión Europea comprendió hace ya varios años que no es posible sostener un modelo basado en “usar y desechar”. La circularidad es la herramienta que nos permite repensar cómo producimos, cómo consumimos y cómo gestionamos los recursos, reduciendo nuestra dependencia de materiales finitos y fortaleciendo la resiliencia de nuestras economías. Este enfoque está integrado en el Pacto Verde Europeo y nuestro Pacto Industrial Limpio, dos pilares de una agenda ambiciosa que busca consolidar una Europa más competitiva, innovadora y autosuficiente.
Pero Europa no transita este camino en solitario. Desde hace más de ocho años, la Unión Europea y sus Estados miembros acompañan al Perú en su transición hacia la circularidad, apoyando el diseño de políticas públicas, facilitando espacios de diálogo público-privado, impulsando la investigación y la innovación, y promoviendo mecanismos de financiamiento que aceleren la acción.
El Perú ha iniciado esta transición con pasos firmes, aprobando la Hoja de Ruta Nacional de Economía Circular al 2030, un instrumento que contó con el acompañamiento técnico de la Unión Europea. Desde el Estado, el sector privado, la cooperación internacional y la ciudadanía se están articulando esfuerzos para convertir la economía circular en una política de largo plazo y de alcance nacional.
Las cifras respaldan el potencial transformador de esta transición. Según estimaciones del Ministerio del Ambiente, si el Perú implementa plenamente la Hoja de Ruta, para el 2030 podría:
- Aportar cerca de 14,000 millones de soles al PBI nacional (alrededor del 2% del total).
- Generar más de 300,000 nuevos empleos verdes, distribuidos en diversos sectores productivos.
- Evitar el consumo de más de 75 millones de toneladas de materiales, reincorporándolos al sistema productivo.
Estos beneficios no son abstractos ni lejanos. En regiones como Piura, La Libertad, Lambayeque, Cajamarca, Arequipa o San Martín ya se observan resultados concretos: valorización de residuos agrícolas y creación de subproductos, una industria textil más sostenible, iniciativas de ecoturismo y procesos de autonomía económica para mujeres emprendedoras, entre otros.
Para el sector empresarial, la economía circular representa una oportunidad estratégica. Las empresas que adopten modelos sostenibles hoy estarán mejor posicionadas mañana: no solo responderán a las crecientes demandas de consumidores y reguladores, sino que también podrán reducir costos, innovar en sus procesos, acceder a nuevos mercados y mitigar riesgos asociados al uso intensivo de recursos naturales.
Sin embargo, persisten desafíos. Es fundamental invertir en innovación, fortalecer capacidades dentro de las organizaciones, facilitar el acceso a financiamiento –especialmente para las mypes– y generar incentivos fiscales que aceleren la transición circular en todo el ecosistema productivo.
La economía circular nos invita a cambiar la lógica con la que entendemos el desarrollo: a generar valor sin agotar los recursos; a producir sin destruir; a crecer sin excluir.
El Perú posee una biodiversidad única, un tejido empresarial dinámico y un enorme potencial humano. Con estas fortalezas, el país está en condiciones de liderar esta transformación en América Latina. El momento de actuar es ahora. La circularidad ya no es una alternativa: es el camino hacia un futuro más resiliente, próspero y sostenible.