Opinión
Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario
En ese sentido, hay que insistir en reconocer el aporte de aquellos que han construido lo que somos y que merecen nuestro absoluto respeto. En el 2025, la Sociedad Peruana de Filosofía, la institución filosófica más antigua y prestigiosa del país, fundada en 1940, otorgó su Premio Francisco Miró Quesada al maestro peruano Alberto Cordero.
Cordero estudió física y matemáticas en la Universidad Nacional de Ingeniería. Con esa notable base formativa sigue su maestría en Ciencias en la Universidad de Oxford y otra maestría en Filosofía en la Universidad de Cambridge, doctorándose en Filosofía en la Universidad de Maryland. Una trayectoria tan notable lo fue convirtiendo en una figura extraordinaria como investigador y profesor. Durante años estuvo dirigiendo el programa doctoral en la Universidad de Nueva York, lugar donde vive.
Sin embargo, con esas credenciales de su rutilante carrera, tranquilamente puede haberse dedicado a ello sin importarle el país del cual procede. Algo hay en los peruanos que, a pesar de la distancia y su notable desarrollo profesional en otros lugares, quieren mantener vínculos constantes con su patria. No es suficiente tener éxito afuera, sino volcar de alguna manera esos aprendizajes y conexiones. Entonces, construyen redes con instituciones locales, participan activamente en mesas de discusión, producen conocimiento incorporando los asuntos nacionales como parte de su interés intelectual. Es decir, Cordero ha actuado como un comprometido intelectual con la mejora de la comunidad de la cual procede; además, con un rigor académico que cuestiona los horizontes de interpretación oscurantista.
Por ello, sus textos son una defensa de la razón y de firmeza científica, basada en razonamientos lógicos implacables y en la exigencia de evidencias validadas para la demostración de cualquier argumento. Con valentía y perseverancia por cuidar la disciplina del pensamiento, la precisión de los argumentos y el cuidado minucioso de las palabras. Para Cordero, la base de la sana convivencia no solo es un asunto ético, sino también epistemológico. La tentación de los populistas suele basarse en ficciones inaceptables y argucias opacas e incoherentes que hay que denunciar.
Cordero, doctor honoris causa de varias universidades peruanas, incluida la de San Marcos, a la que vuelve cada año para dialogar con las nuevas generaciones sobre el valor insobornable y extraordinario del filosofar, merece nuestra total gratitud por una vida íntegra, coherente moralmente, consagrada a pensar con determinación y claridad.