Opinión
Comunicadora social y escritora
Este padre, como cualquier otro, les dijo que por supuesto, que los esperaba, pero al llegar sus hijos, él los recibió con una llave que les entregó diciéndoles “esta es la llave de su departamento, están pagados un mes de arriendo y los dos meses de prenda, el resto va por su cuenta; si necesitan ayuda luego de que ustedes lo hayan intentado, ya conocen mi número”.
Todos, nos quedamos en silencio y, en vista de nuestras caras, él continuó contando que toda su familia, incluida su exesposa y madre de los chicos, lo insultó, se le vino encima, pero él se mantuvo en su posición y hubo momentos en que los ayudó con el alquiler o con la comida, pero no era una ayuda constante, los chicos sabían que debían resolverlo y lo hicieron; entonces la pregunta que quedó en el ambiente fue ¿hasta qué punto cuidar se transforma en sobreproteger y hasta qué punto es necesario lanzar los hijos a la vida? Esta persona nos dijo “lancen a sus hijos sin culpa, pero quédense a prudente distancia para sostenerlos”, y creo que en estos tiempos de sobreprotección e hipersensibilidad este consejo es un remezón total que nos hizo replantearnos a todos los presentes ¿cómo vamos pilotando la nave que lleva a nuestros hijos?, ¿los estamos guiando para convertirlos en adultos funcionales y responsables o los estamos inutilizando en un equivocado intento de ser buenos padres?
De esta manera viajé a mi pasado y recordé que el ingeniero Coello apenas empecé a ganar sueldo fijo me hizo responsable del pago de mi línea telefónica y no se me ocurrió reclamar, pero ahora veo que muchos hijos que trabajan usan su dinero para viajar por el mundo mientras siguen viviendo en casa de sus padres y pienso ¡qué bello ser “independientes” cuando los adultos pagan servicios básicos y la ropa está limpia y guardada en los cajones!, pero no generalizo, todavía hay muchos jóvenes que trabajan y pagan sus estudios y necesidades.
Corolario, no perdamos el norte y recordemos que ser padres es enseñar a volar, como decía Khalil Gibran: “Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados. Deja que la inclinación, en tu mano de arquero, sea para la felicidad”.