Editorial
El 2 de mayo de 1826, la naciente república del Perú estableció formalmente las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y, desde ese momento, abrió una era de fértiles nexos económicos, políticos y sociales que hoy se ven consolidados.
Un momento clave en nuestras relaciones comerciales fue la firma en Washington, en el 2006, del Acuerdo de Promoción Comercial (APC), que entró en vigor en el 2009. En ese entonces, el comercio bilateral llegó a 9,000 millones de dólares. En el 2022, el comercio dio un enorme salto hasta ubicarse en 22,000 millones de dólares; es decir, creció 140%.
En el 2024, el comercio bilateral experimentó un importante impacto: Estados Unidos se convirtió en el principal destino del 35% de los bienes agropecuarios y del 42% de la fruta de nuestro país.
En recientes días, el director general de Negociaciones Comerciales Internacionales del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), José Luis Castillo, destacó que solo en setiembre los envíos peruanos crecieron 7% respecto al mismo mes del 2024, con avances en minería, agro, metalurgia y café.
Se debe destacar el crecimiento de nuestras exportaciones en momentos en que el gobierno de Donald Trump aplica una agresiva política arancelaria a todos los países. Sin embargo, gracias a nuestras excelentes relaciones comerciales, el Gobierno de Estados Unidos eliminó los aranceles a una lista de 200 productos, de los cuales 100 corresponden a la oferta de la canasta exportadora peruana. De esta manera, el café, el cacao, las paltas, los limones, entre otros, no pagan impuestos al ingresar al mercado de la primera potencia mundial.
En los 16 años de vigencia del APC se han incorporado 1,806 nuevos productos exportados por un valor de 9,937 millones de dólares, de los cuales el 97% son productos no relacionados con el sector minero.
Al mismo tiempo, los vínculos políticos se han estrechado con la reciente visita del ministro de Relaciones Exteriores, Hugo de Zela, a Washington, donde se reunió con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, con la tarea de fortalecer los compromisos de cooperación en materia de seguridad y el combate sin cuartel de las organizaciones criminales transnacionales.
Ambos altos funcionarios coincidieron en que el crimen organizado, que no tiene fronteras, y el narcotráfico son las principales amenazas a la democracia en la región, pues además de afectar la salud de los consumidores tienen un enorme poder corruptor y establecen poderosas redes con otras modalidades de delincuencia transnacional que afectan a las Américas.
Los avances en el sector económico y de seguridad demuestran que los nexos entre ambos países pasan por un buen momento y nos alistamos a celebrar los 200 años de estas fructíferas relaciones.