Opinión
Docente
Debido al liderazgo de Carlos Condorena Yujra, llamado también Carlosín Condorena, se formó un grupo de campesinos decididos a cortar los abusos y el poder local del gamonalismo en el departamento de Puno. Evaristo Corimayhua Carcasi, Mariano Luque Corimayhua, Antonio Francisco Luque Luque, Mariano Mercedes Pacco Mamani, Rita Puma, Melchor Cutipa Luque, Pedro Nina Cutipa Corimayhua, Manuel Wawaluque Condori, Mariano Larico Yujra, Eduardo Carcasi Corimayhua y Mariano Quispe Luque, entre otros, se convirtieron en líderes de un movimiento que, además, se propuso fundar y establecer una nueva capital de la República del Perú, así como implantar una educación liberadora bilingüe y recuperar las tierras arrebatadas por gamonales a las comunidades campesinas.
En un principio contaron con la simpatía del presidente Augusto Bernandino Leguía y Salcedo, quien auspició desde el gobierno un indigenismo oficial y subalterno. Los dirigentes de Huancho decidieron entonces construir una ciudad con los mismos planos urbanos de Lima. Le pusieron el nombre de Huancho Lima, capital de la República Aimara Tahuantisuyana, como sociedad emblemática de la reivindicación de los derechos ciudadanos de la cultura aimara. Construyeron locales para ministerios, escuelas, mercados, calles y avenidas.
Pero, por orden del presidente Leguía, reprimieron y atacaron a Huancho Lima y diezmaron la población emergente. Ni el hecho de que lloviera como nunca fue impedimento para hacerlo. Se dijo que los pobladores de Huancané temieron ser muertos y que las lluvias impidieron ese hecho. Las lluvias provocaron que el río Huancané creciera, arrastrando balsas llenas de personas que trataron de llegar a Huancané.
El domingo 16 de diciembre de 1923, a las 10 de la mañana, el mayor Luis Vinatea, del Batallón de Infantería Motorizado N.° 15 de Puno, comandó un destacamento militar bien armado con órdenes de aniquilamiento. Atacó a mansalva el pueblo histórico de Huancho Lima y murieron muchas personas a causa de las balas de fusiles y ametralladoras. Ordenó fusilamientos de hombres y mujeres, siendo el primero Evaristo Corimayhua Carcasi, quien discutió con Luis Vinatea, y al ver que se trataba de un maestro convencido, lo mandó a fusilar en la puerta de la capilla. Luego ordenó que se incendiaran todas las construcciones de Huancho Lima.
Nunca se supo cuántos muertos hubo pese al sesgado informe del Patronato pro-Indígena ante el Supremo Gobierno sobre los sucesos de Huancané de 1923 y 1924, representado por el obispo Fidel María Cosio Medina, monseñor de la Diócesis de Puno, y por el ingeniero José Bravo Corzo. El éxodo fue enrome y ese acontecimiento tan grave ha sido registrado magistralmente por el escritor huancaneño José Luis Ayala Olazábal, quien ha publicado: Wancho Lima (cronivela), Yo fui canillita de José Carlos Mariátegui. (autobiografía de Mariano Larico Yujra). Fusilamiento y resurrección de Mariano Paqo (novela corta), Celebración cósmica de Rita Puma (poesía), El presidente Carlos Condorena Yujra (historia) y Saturnino Corimayhua. Testimonio de lucha de un campesino del siglo XX (entrevista).
Además, sin la contribución de Florencio Díaz Bedregal, Augusto Ramos Zambrano, Felipe Sánchez Huanca, Leoncio Mamani Coaquira, pero especialmente de José Luis Ayala Olazábal, se hubiera perdido mucha información histórica. Las nuevas generaciones tienen el deber de conocer el pasado para que no se repitan los hechos. No hay pueblo sin historia social porque sin ella no es posible edificar un futuro distinto al oprobioso pasado que se ha vivido.