Editorial
Esta evaluación positiva se sustenta, como destaca la calificadora, en un prolongado historial de prudencia macroeconómica. El Perú exhibe déficits fiscales relativamente contenidos, uno de los niveles de deuda neta más bajos de la región y un marco de política monetaria y cambiaria que ha demostrado capacidad para preservar la estabilidad, incluso en escenarios adversos. Estos elementos, acumulados a lo largo de los años, conforman un activo intangible clave: la credibilidad económica.
La perspectiva estable asignada por Standard & Poor’s responde, además, a expectativas realistas de crecimiento cercano al 3% anual en los próximos dos años y a una consolidación fiscal gradual, pese a las presiones de gasto. En particular, la proyección de una reducción del déficit fiscal al 2.2% del PBI en el 2025 y la estabilización de la deuda neta por debajo del 30% del producto reflejan un sendero fiscal sostenible, indispensable para mantener la confianza de los mercados y el acceso a financiamiento en condiciones favorables.
La calificadora también subraya factores estructurales que podrían fortalecer el desempeño económico, como el impulso de los precios de los metales y las mejoras logísticas asociadas a la culminación de la primera fase del Puerto de Chancay. Estas inversiones amplían la capacidad exportadora del país y refuerzan su inserción en los mercados internacionales, particularmente en sectores estratégicos como la minería y la agroexportación.
No obstante, la ratificación del grado de inversión no debe entenderse como un punto de llegada, sino como una responsabilidad permanente. La posibilidad de una mejora futura en la calificación dependerá, entre otros factores, de la consolidación de un entorno político más estable, de una ejecución eficaz de las políticas públicas y de un mayor dinamismo de la inversión privada. La estabilidad macroeconómica, por sí sola, no garantiza crecimiento sostenido si no se acompaña de reformas que eleven la productividad y fortalezcan la institucionalidad.
En ese sentido, el compromiso expresado por el Ministerio de Economía y Finanzas de continuar con medidas de austeridad, control del gasto y fortalecimiento de la recaudación resulta clave. Preservar el grado de inversión implica no solo disciplina fiscal, sino también una visión de largo plazo que combine estabilidad, crecimiento inclusivo y confianza. En un escenario global incierto, cuidar este respaldo es una tarea que compromete al Estado en su conjunto y beneficia, en última instancia, a todos los peruanos.