Editorial
“El crecimiento observado no debe asumirse como un punto de llegada, sino como una oportunidad. Convertir esta expansión en desarrollo demanda visión de largo plazo, coherencia en las políticas públicas [...]”.
Este resultado se sustenta en un entorno macroeconómico favorable. La recuperación del empleo, una inflación controlada y menores tasas de interés han contribuido a reactivar el consumo privado y a estimular la inversión, dos motores clave de la actividad económica. En este contexto, la expansión simultánea de los sectores primarios y no primarios evidencia una economía que avanza de manera más articulada, combinando el impulso de los recursos naturales con el dinamismo de las actividades vinculadas al mercado interno.
El crecimiento de los sectores primarios en octubre, liderado por la pesca, la manufactura y la minería, pone de relieve la importancia de aprovechar condiciones externas y productivas favorables, como los precios internacionales y las mejoras en la capacidad extractiva. Sin embargo, también subraya la necesidad de continuar agregando valor, fortaleciendo encadenamientos productivos y promoviendo una mayor diversificación, de modo que estos sectores sigan siendo una palanca de desarrollo y no una fuente de vulnerabilidad.
Relevante es también el desempeño de los sectores no primarios. La expansión de la construcción, el comercio y los servicios confirma la resiliencia de la economía y el rol central de la inversión privada y el gasto de los hogares. Este comportamiento reafirma que el crecimiento se vuelve más sólido cuando se apoya en una base amplia de actividades productivas y en un mercado laboral en proceso de fortalecimiento.
De cara al cierre del 2025 y al inicio del 2026, el desafío consiste en consolidar esta senda de crecimiento. Las medidas anunciadas para mejorar la eficiencia del gasto público, modernizar el Estado y agilizar la ejecución de proyectos mediante el nuevo marco de asociaciones público-privadas y obras por impuestos resultan esenciales para sostener la inversión y elevar la productividad. A ello se suma la implementación del Plan Nacional de Infraestructura 2025-2030, que debe traducirse en obras de calidad y con alto impacto social.
Asimismo, el avance en la adhesión a la OCDE y la suscripción de nuevos acuerdos comerciales refuerzan la integración del Perú en la economía global y consolidan su perfil como un país confiable y competitivo. Aprovechar este contexto exige perseverar en la estabilidad macroeconómica, fortalecer la institucionalidad y promover un crecimiento inclusivo que se refleje en mayores oportunidades para la población.
El crecimiento observado no debe asumirse como un punto de llegada, sino como una oportunidad. Convertir esta expansión en desarrollo demanda visión de largo plazo, coherencia en las políticas públicas y un compromiso del Estado, el sector privado y la ciudadanía. Solo así el avance económico se traducirá en progreso duradero para el país.