Opinión
Docente
Su vida se encuentra íntimamente ligada a la rebelión de Huancho Lima en 1923, un levantamiento campesino que buscaba reivindicar derechos básicos como el acceso a la educación y la defensa frente a los abusos de los gamonales. Rita Puma fue clave en la primera escuela rural nocturna de Aña Aña en Huancho (1910-1921), que no solo buscaba alfabetizar, sino también fortalecer la identidad cultural aimara. Desde su pueblo, viajaba frecuentemente para organizar reuniones y capacitaciones que promovieran una sociedad más equitativa.
Como educadora visionaria, fundó y dirigió la primera escuela rural en Chuño-Huyo, Moho, enfrentando enormes adversidades. Esta escuela no solo simbolizaba una puerta al conocimiento, sino también una herramienta para romper las cadenas del analfabetismo que mantenían a las comunidades marginadas. Sin embargo, los hacendados, temerosos de perder su poder, destruyeron en repetidas ocasiones esta humilde institución educativa. A pesar de ello, nunca se rindió. Con una valentía inquebrantable, reconstruyó la escuela cada vez, impulsada por la firme convicción de que la educación era el camino hacia la libertad y la dignidad para su pueblo.
Además de su labor educativa, tiene un rol protagónico en la rebelión de Huancho Lima en 1923, un movimiento indígena que exigía justicia frente a los constantes abusos de los hacendados y la inequidad estructural en el Perú rural. Este levantamiento fue una expresión de la resistencia indígena contra un sistema que explotaba y despojaba a los campesinos de sus derechos básicos. Rita Puma, como líder en esta rebelión, encarnó el espíritu de lucha de su pueblo, desafiando la autoridad establecida y enfrentando los riesgos con coraje y determinación.
La rebelión de Huancho Lima, situada en un contexto de tensiones sociales crecientes, enfrentó la brutal represión de las élites locales y de las autoridades. La resistencia de los campesinos, liderada en parte por Rita Puma, fue vista como una amenaza para el orden establecido. Las fuerzas represoras, comandadas por el mayor del Batallón de Infantería Motorizado N.° 15 de Puno Luis Vinatea, al mando de un destacamento militar bien armado, destruyeron propiedades, saquearon bienes y asesinaron a los familiares de Rita Puma, quien finalmente fue capturada el 9 de enero de 1924 tras una persecución exhaustiva y llevada al puesto de la guardia urbana de entonces, en donde fue torturada y envenenada. Su cuerpo fue exhibido públicamente en un árbol de la entrada al panteón de Moho como advertencia.
Este un acto de crueldad destinado a sembrar el miedo, un intento macabro de deshonrar su memoria y sofocar la resistencia del pueblo; lejos de silenciar su legado, la convirtió en un símbolo de la lucha por la justicia y los derechos de los campesinos.
Ella descansa en el cementerio de Moho, pero su memoria sigue viva como un ejemplo de sacrificio y valentía. Su vida y muerte representan la resistencia indígena frente a la opresión, así como el poder transformador de la educación y el liderazgo comunitario. Es recordada no solo como una mártir de su tiempo, sino también como una figura cuya lucha resuena en las generaciones que continúan trabajando por un Perú más justo e igualitario.
Su legado es profundo y duradero. Es considerada la primera maestra campesina del siglo XX en el departamento de Puno. Su labor educativa y social la posiciona como un modelo de resistencia frente a la opresión. Su sacrificio inspira hoy en día a quienes continúan luchando por los derechos de los pueblos indígenas y la preservación de la identidad cultural.
La historia de Rita Puma trasciende su tiempo. Representa no solo la lucha por los derechos indígenas en el Altiplano peruano, sino también la convergencia con las demandas de igualdad de género.
Su ejemplo ilumina el camino para las generaciones futuras, recordándonos que las luchas por justicia y dignidad son un legado que debemos proteger y transmitir. Rescatar su memoria es un acto de justicia histórica y un paso hacia el reconocimiento pleno de las contribuciones de las comunidades indígenas a la construcción de una sociedad más justa y equitativa.
Por ello se debería proponer iniciativas para honrar su memoria, como la construcción de un monumento en la plaza de Armas de Moho o la designación de su nombre en instituciones educativas del departamento de Puno.