• MIÉRCOLES 20
  • de mayo de 2026

Editorial

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Prepararnos para lo inevitable

“El sismo de Chimbote nos recuerda que la naturaleza no negocia, pero sí podemos negociar con ella nuestra supervivencia mediante preparación, ciencia y responsabilidad colectiva”.

Este evento, que generó pánico entre la población y escenas de evacuación en plena noche, debe servirnos de alerta y reflexión. El Perú se encuentra en el límite de la placa de Nazca y la placa Sudamericana, una zona donde la tensión tectónica se libera con frecuencia en forma de sismos. Esta posición geográfica no es una casualidad histórica: es la causa de que movimientos de diversa magnitud sean parte de nuestra realidad cotidiana.

La memoria de catástrofes pasadas sigue viva. El terremoto de Áncash de 1970, uno de los más devastadores en la historia del país, causó decenas de miles de muertos. Ese doloroso episodio debería recordarnos que la amenaza sísmica es permanente y que no estamos exentos de repetir tragedias si no actuamos con previsión y responsabilidad.

Sin embargo, la reacción ciudadana y de las autoridades tras el sismo reciente también ofrece lecciones valiosas. La rapidez con la que los equipos de emergencia se desplegaron, la atención a los heridos y las evaluaciones preliminares de infraestructura muestran un avance en la gestión del riesgo. Pero no basta con reaccionar después de que la tierra tiembla. Debemos invertir con decisión en prevención, educación y resiliencia comunitaria.

La arquitectura, por ejemplo, tiene un papel esencial. Las edificaciones sismorresistentes no son un lujo, sino una necesidad. Cada vivienda, cada escuela y cada hospital construido bajo estándares adecuados puede significar una vida salvada. Del mismo modo, la educación ciudadana –saber cómo evacuar, a dónde dirigirse, qué incluir en una mochila de emergencia– no debería limitarse a campañas esporádicas, sino integrarse desde la escuela hasta la gestión municipal cotidiana.

Además, es imperativo fortalecer sistemas de alerta temprana y redes de monitoreo sísmico en todo el país. El Perú ha avanzado en estos campos, pero todavía tenemos espacio para mejorar la cobertura, la comunicación de alertas y la coordinación interinstitucional.

El sismo de Chimbote nos recuerda que la naturaleza no negocia, pero sí podemos negociar con ella nuestra supervivencia mediante preparación, ciencia y responsabilidad colectiva. Frente a lo inevitable, la mejor respuesta es estar preparados. Que este temblor sea un llamado a la acción y no solo un recuerdo que se desvanece con el paso de los días.