“No podemos oponer la Constitución al orden internacional; no podemos afirmar la soberanía del Estado nacional sin que ésta se integre y esté en consonancia con las reglas básicas, de ius cogens (derecho imperativo), del ordenamiento internacional”, señaló.
Su alocución fue brindada en ceremonia desarrollada en Palacio de Justicia, que presidió la titular del Poder Judicial, Janet Tello Gilardi, con presencia de autoridades públicas, expresidentes de la institución judicial, juezas y jueces supremos, así como personal jurisdiccional y administrativo.
El magistrado recalcó que la crisis institucional es patente, incluidas las instituciones judiciales, por lo que invocó que las y los jueces deben estar unidos y fortalecidos sobre la base del imperio de la ley, de la Constitución y del Derecho Internacional.
“No queda otra opción que lidiar con ella y, desde claros lineamientos democráticos, así como desde la independencia judicial, la garantía más importante de la jurisdicción, es tratar de superarlos”, anotó.
Testigo de su tiempo
San Martín Castro, quien deja la judicatura tras 37 años de ejercicio, hizo el llamado con la autoridad de quien, como magistrado que llegó a ser Presidente del Poder Judicial, atestiguó diez hitos que marcaron la institucionalidad del país y el desenvolvimiento de este poder del Estado.
Entre ellos, indicó, las reformas del docenio militar y un intento insuficiente de reforma judicial; el reordenamiento institucional al regresar la Democracia, siempre limitado; el surgimiento y desarrollo del terrorismo como del narcotráfico; y el autogolpe de Estado de 1992.
El magistrado señaló que, de 1992 a 2004, tuvo un interregno, alejado del Poder Judicial, no por su voluntad, sino porque fue “expulsado” al interrumpirse el orden constitucional en el país.
“He sido testigo de la afirmación de la justicia transicional con motivo de los delitos de terrorismo y de lesa humanidad y, más allá de la omisión de no tipificarlos en sede nacional, no puede dejar de aplicarse en relación a lo que universalmente se ha considerado respecto de sus efectos imperativos en el derecho interno”, expresó.
También repasó el surgimiento de la criminalidad organizada y delitos no convencionales, como los de lavado de activos y corrupción de funcionarios; el descalabro de los partidos políticos y de la institucionalidad democrática con sucesivas vacancias presidenciales.
Además, la expansión de la delincuencia organizada y la economía criminal, del rol de la justicia con motivo de los casos “Lava Jato” y “Cuellos Blancos del Puerto”; la crisis de seguridad ciudadana, como la aparición de corrientes radicales que ponen en cuestión la democracia, la separación de poderes, la independencia judicial y la garantía de los derechos fundamentales.
“He pasado, como la gran mayoría de jueces, grandes y graves experiencias, enfrentamientos con quienes querían limitarnos y sojuzgarnos, juicios emblemáticos, casos difíciles, casos dramáticos, presiones y campañas mediáticas injustas e interesadas, odios de gente obsesiva”, remarcó.
Tarea de largo aliento
Ante los retos pendientes para el Poder Judicial, San Martín Castro instó a las juezas y jueces como auxiliares jurisdiccionales a luchar por el Derecho y la Democracia, y a que sirvan con amor y dedicación a la justicia, con todo su esfuerzo e inteligencia, y así ese derecho llegue a todas y todos.
“Sé que la tarea es difícil y, sobre todo, de largo aliento; soy consciente de las dificultades que atraviesa y atravesará el Poder Judicial, y ya no podré ser protagonista de este esfuerzo grandioso, pero tengan la seguridad que los seguiré muy de cerca, y apoyaré cuanto esté a mi alcance”, dijo.
Así culminó su discurso el otrora presidente de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema, en el evento memorable realizado en el Salón Vidaurre en que fueron reconocidos de manera unánime su legado, trayectoria profesional y calidades personales como mentor y amigo.
“No puedo más que decir, al final de mi camino judicial, gracias por la oportunidad que el país me dio para impartir justicia, gracias por la tolerancia ante mis errores e impaciencias; y gracias por permitirme desarrollar mis capacidades para servir al país”, concluyó.
Dato
En 1976, San Martín Castro ingresó a laborar a la Corte del Callao, donde ocupó los cargos de relator y juez instructor provisional; en 1983 es nombrado juez instructor titular de la Corte de Lima y, en 1989, asciende a juez superior; sin embargo, en 1992 fue cesado por el gobierno de Fujimori Fujimori.
En el 2004, regresa a la magistratura al ser nombrado juez supremo y fue presidente del Poder Judicial en el periodo 2011 y 2012 y encabezó la Sala Suprema Penal Permanente desde el 2018.
Previamente, presidió la Sala Penal Transitoria y la Sala Penal Especial, en las cuales resolvió diversos casos emblemáticos en los que estuvieron procesados altos funcionarios del Estado.