Editorial
El Perú ha convivido durante décadas con esa brecha, y cerrarla exige decisiones políticas firmes y visión de mediano y largo plazo.
Por eso, en un momento en que el país necesita recuperar dinamismo económico, la decisión del Gobierno de iniciar la ejecución de la Nueva Carretera Central reafirma una apuesta por la integración territorial y envía una señal política concreta de que el Perú está dispuesto a sostener, con obras de gran dimensión, la construcción de las bases materiales de su desarrollo.
El anuncio, efectuado tras un reciente encuentro entre el presidente José María Balcázar, los ministros de Economía y Transportes, el gobernador regional de Junín, alcaldes y representantes de la sociedad civil, evidencia un enfoque de gestión que entiende que las grandes obras se construyen con consensos y participación ciudadana.
La priorización del túnel Pariachi y sus accesos como primer componente, con una inversión aproximada de 600 millones de soles, es una decisión técnica que permite iniciar de inmediato un frente de obra concreto mientras se asegura la continuidad del proyecto bajo la modalidad de Gobierno a Gobierno. Este mecanismo introduce estándares internacionales, reduce riesgos de paralización y acelera los procesos, elementos indispensables en un país que no puede permitirse repetir los errores del pasado en materia de infraestructura.
El compromiso del Ejecutivo de garantizar los recursos y de estructurar una solución integral para todos los tramos de la Nueva Carretera Central refuerza la credibilidad de esta apuesta. La hoja de ruta técnica y financiera que presentarán el MEF y el MTC permitirá convocar, adjudicar e iniciar las obras dentro de la presente gestión, bajo criterios de sostenibilidad fiscal.
Pero el impacto de esta decisión se medirá, sobre todo, en la vida cotidiana de las personas. Significará menos horas de viaje y mayor seguridad para quienes se desplazan entre Lima y la sierra central; menores costos operativos para los transportistas; mejores precios y menor pérdida para los agricultores; así como nuevas oportunidades para el turismo y los pequeños emprendimientos.
Estamos, pues, ante una oportunidad histórica para que una de las rutas más importantes del Perú deje atrás décadas de congestión y precariedad y cuente, por fin, con una vía de primer nivel, segura y moderna. Lo que corresponde ahora es mantener el compromiso político y asegurar la continuidad del proyecto más allá de cualquier coyuntura. Solo así esta obra marcará un antes y un después en la integración y el desarrollo del país.