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Esta condición afecta la parte interna del ojo, donde se encuentran estructuras fundamentales para la visión, como la retina y el nervio óptico. Cuando estas zonas se inflaman, el riesgo de daño visual aumenta considerablemente y, en algunos casos, las secuelas pueden ser irreversibles.
De acuerdo con el Dr. Carlos Siverio Llosa, especialista de Oftálmica Clínica de la Visión, entre el 10% y el 15% de los casos de ceguera están vinculados con la uveítis. El médico explica que esta enfermedad puede presentarse de manera repentina, con dolor intenso, enrojecimiento ocular y una disminución rápida de la visión. “Muchos pacientes piensan que se trata de una simple irritación y optan por automedicarse; sin embargo, esa decisión puede retrasar el diagnóstico y agravar el cuadro”, advierte.
¿Por qué se produce?
Las causas pueden dividirse en dos grandes grupos: infecciosas y autoinmunes.
Entre las causas infecciosas destacan la toxoplasmosis, asociada a un parásito transmitido por los gatos; el herpes ocular; y en niños, la toxocariasis, infección vinculada con el contacto con perros cachorros y con tierra contaminada con sus heces.
En otros casos, la uveítis está relacionada con enfermedades autoinmunes como la espondilitis anquilosante, que afecta la columna y puede desencadenar episodios oculares agudos.
“No todas las uveítis son iguales. Algunas son agudas y reaparecen por episodios; otras pueden volverse crónicas y requerir tratamiento durante meses o incluso años. Por eso es clave identificarla”, explica el especialista.
Riesgos y complicaciones
Sin tratamiento oportuno, la uveítis puede causar complicaciones importantes, ya que la inflamación sostenida daña estructuras clave del ojo.
Puede generar glaucoma por aumento de la presión ocular, catarata por opacidad del cristalino y lesiones en la retina o el nervio óptico que afecten de forma permanente la visión. En casos severos, el daño puede ser irreversible.
Por ello, ante dolor ocular intenso, enrojecimiento o una baja repentina de la visión, es fundamental no automedicarse y acudir de inmediato al oftalmólogo. Aunque no es una enfermedad frecuente, la detección temprana es decisiva para evitar secuelas visuales permanentes.