• DOMINGO 8
  • de marzo de 2026

Opinión

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APROXIMACIONES

Romper estereotipos, construir futuro

Cerrar la brecha de género no es solo una cuestión de equidad. Es una cuestión de justicia.


Editor
Andrea Lazo

Directora Académica de TECSUP Trujillo


Según el Global Gender Gap Report 2024 del World Economic Forum, las mujeres siguen subrepresentadas en la fuerza laboral STEM, con un 28,2%, frente a 47,3% en sectores no-STEM. A nivel nacional tanto la Unesco como Sunedu reportan porcentajes similares, alrededor del 30%, en la inscripción de estudiantes mujeres en carreras vinculadas a ciencia y tecnología. Cifras que dejan más que clara la limitada participación femenina en sectores clave de crecimiento económico y transformación tecnológica.

En los campus de universidades e institutos estas cifras se hacen evidentes en el día a día. Encontramos aulas donde las mujeres representan una clara minoría entre estudiantes de ingeniería, tecnologías de la información y ciencias puras. Tenemos en claro que esta desigualdad no se relaciona a diferencias de capacidades sino a que desde edades tempranas las mujeres son orientadas, muchas veces de manera sutil e inconsciente, hacia otras áreas o roles sociales que no incluyen las disciplinas STEM.

Muchas mujeres reciben mensajes implícitos y explícitos sobre lo que “deberían” estudiar o hacer con sus vidas. Existen estereotipos asociados a la matemática, la ingeniería o la tecnología como campos “masculinos”, y esos estereotipos pesan más de lo que quisiéramos admitir. Estos sesgos pueden limitar la confianza de las niñas para ver en STEM una opción viable y deseable.

Otra barrera es la falta de modelos a seguir: las niñas crecen sin ver suficientes referentes femeninos en profesiones tecnológicas o científicas. No es casualidad que solo alrededor del 34% de las personas registradas como investigadores en el Perú sean mujeres; sin referentes visibles, es más difícil soñar con una carrera en dichos rubros.

Cuando logran acceder a la educación superior, las mujeres enfrentan barreras en la transición hacia el mundo laboral debido a la persistencia de prejuicios en ambientes de trabajo, las responsabilidades en el hogar desiguales y la falta de políticas inclusivas pueden limitar no solo su permanencia, sino también su ascenso a posiciones de liderazgo.

No es la intención ser aguafiestas, es importante reconocer que la participación femenina en sectores no-STEM es alta, acercándonos considerablemente a la paridad. Hemos avanzado, sin embargo, estamos limitando profesionalmente a las mujeres a sectores como servicios (45,1%) y comercio (25%). Excluyéndolas además de la adquisición de habilidades de suma importancia para el futuro como la Inteligencia Artificial, la programación y ciberseguridad.

Desde nuestra posición como educadoras y educadores, tenemos la responsabilidad de diseñar ambientes que no solo acojan a las estudiantes, sino que impulsen su permanencia, su éxito académico y su transición al mundo laboral. Esto implica no solo esfuerzos institucionales, sino políticas públicas que incentiven la participación femenina en STEM desde la educación básica hasta el ámbito laboral.

También necesitamos un compromiso más amplio de la sociedad: empresas tecnológicas, organismos internacionales, gobiernos regionales y locales, y las familias. Cada uno de nosotros juega un papel en la construcción de una cultura que valore el talento sin distinción de género, que reconozca el aporte que las mujeres pueden hacer en innovación y desarrollo, y que entienda que la diversidad no es un añadido, sino una necesidad estratégica.

Cerrar la brecha de género no es solo una cuestión de equidad. Es una cuestión de justicia, de eficiencia económica y de todo lo que el Perú puede alcanzar si liberamos el potencial creativo y científico de toda su población. Las cifras nos muestran que aún hay trabajo por hacer, pero también que sí es posible avanzar si trabajamos con propósito y de manera colaborativa.