Opinión
Gerente general para la región andina de Electrolux
A lo largo de mi trayectoria he visto cómo se sostiene esta diferencia, uno de los obstáculos más difíciles ha sido esa carga invisible que existe en muchos entornos donde las mujeres debemos demostrar el doble para que nuestro criterio sea escuchado con la misma fuerza.
Con frecuencia, el liderazgo femenino se analiza primero por el “cómo”, nuestro tono, antes que por el “qué” o los resultados y esa evaluación del estilo, mucho más frecuente en mujeres que en hombres, influye en la manera en que se nos mide. No suele ser explícito, pero sí está presente en las dinámicas y en las expectativas.
Por eso creo en acciones concretas que aporten a este cierre de brecha, que es fundamental.
Cuando creamos organizaciones donde la equidad es medible y la meritocracia es transparente, las mujeres no solo avanzan; contribuyen a que el liderazgo sea más completo, más empático y más efectivo.
Cuando se habla de equidad, se debe tener claro que no solo abarca sostenibilidad y reputación, sino también competitividad. Un estudio de la consultora McKinsey (Diversity Matters Even More 2023) a 1,265 compañías en 23 países reveló que equipos ejecutivos diversos logran ser un 39% más rentables y un reporte del Banco Mundial (2024) sostiene que eliminar leyes y prácticas discriminatorias que impiden trabajar y prosperar a las mujeres podría elevar el PBI global en más del 20% en 10 años.
El liderazgo femenino aporta un diferenciador genuino al negocio; por ello, en la región andina de la empresa, durante el 2025, el 58% de las nuevas contrataciones en posiciones gerenciales y profesionales fueron mujeres. Hoy, el 50% de nuestro equipo de gerentes en el clúster es femenino. Este avance, conseguido ejecutando más de 120 sesiones formativas para acelerar el talento interno, refleja que es posible trazar el camino.
El nivel de competencia actual no perdona la lentitud. La pregunta para los líderes de hoy ya no es si la equidad es justa, sino cuánto dinero y talento están dispuestos a perder por no contribuir en cerrar la brecha. Suelo decirles a las jóvenes que aspiran a la alta dirección que no esperen a sentirse completamente listas para tomar un reto porque el liderazgo no es un cargo, es una forma de actuar. Comienza mucho antes de asumir un puesto y se demuestra en cómo se trabaja, en cómo se colabora y en cómo se construyen oportunidades para otros.