• MIÉRCOLES 11
  • de marzo de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA

Sin república no hay progreso sostenible


Editor
Darío Zegarra

Presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú


 El Perú atraviesa un momento en el que está en juego esa institucionalidad que debe darnos las herramientas para prosperar como ciudadanía. No es solo una coyuntura política, un gabinete o un Congreso. Lo que está en riesgo es algo más profundo: la confianza en el país. Y cuando la confianza se erosiona, se resienten las inversiones, el empleo, la cohesión social y, finalmente, la esperanza de un futuro mejor. En las últimas dos décadas, hemos construido un piso de estabilidad económica que permitió crecer y reducir la pobreza en 30 puntos porcentuales. No fue producto del azar, sino de reglas claras, disciplina fiscal, apertura al mercado internacional, respeto por la institucionalidad y trabajo. Esa credibilidad costó años edificarla. Perderla puede ser de inmediato. 

Hoy vivimos una peligrosa paradoja: parte de esa herencia económica aún se sostiene, pero la inestabilidad política se ha vuelto crónica. Y la inestabilidad prolongada genera fatiga moral. El ciudadano se cansa, el emprendedor se desalienta, el profesional competente duda si vale la pena involucrarse en lo público. Ese cansancio es el terreno fértil para soluciones autoritarias que prometen orden sin límites ni contrapesos. 

Es momento de reivindicar una palabra que no siempre pronunciamos con suficiente fuerza: República, que significa límites al poder, que nadie está por encima de la ley y que las instituciones son más importantes que la autoridad de turno. 

El país necesita recuperar un acuerdo mínimo: reglas estables para todos, meritocracia, rendición de cuentas y respeto irrestricto al Estado de derecho. No se trata de ideologías, sino de estándares básicos de convivencia democrática. 

Los colegios profesionales, las empresas y la ciudadanía organizada tenemos un rol que cumplir. Defender la ética, elevar el debate público, exigir transparencia y actuar con visión de largo plazo no son gestos simbólicos: son condiciones para que la democracia no se “gaste”. 

El Perú ya demostró que, cuando se ordena y respeta sus reglas, avanza. Depende de nosotros que vuelva a hacerlo.