Alfredo Bryce Echenique, el escritor entrañable (perfil)
José Vadillo Vila
Periodista
A Alfredo Bryce Echenique (1939-2026) lo definía una palabra: entrañable. Y una oración, que apuntaba al mismo norte: “yo escribo para que me quieran más”.
El escritor de la memoria, de la oralidad, de los amigos, de los amores, de la ironía heredada de Cervantes, partió hoy. “Mi literatura nace de un exceso de asombro. Es la única forma que tengo de darle respuesta a la angustia, al aburrimiento que me produce la realidad”, dijo en una entrevista.
A la noticia de su muerte, desde España el narrador Jorge Eduardo Benavides ha escrito en sus redes sociales: “No solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos que contribuyeron a edificar un inmenso mundo narrativo; fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”.
El mundo de Un mundo…
Su gran fama en las Letras del mundo hispanohablante se dio con la publicación de su novela Un mundo para Julius (1970, Premio Nacional de Literatura 1972), donde “Julius”, alter ego del autor, niño adinerado que crece en la Lima de la década de 1950, descubre las otras caras de la sociedad peruana al adentrarse en el universo de la servidumbre que trabajaba en su mansión familiar.
La novela se convirtió en una manera de entender el Perú y sus diferencias clasistas y raciales. Es el libro de Bryce Echenique que se sigue incluyendo en el Plan Lector de muchos colegios del Perú, al igual que su cuento “Con Jimmy en Paracas” (1968) donde explora el tema desde la mirada de adolescentes adinerados.
“Alfredo fue uno de los tres mayores novelistas peruanos en el gran mediosiglo de la novela peruana, la segunda mitad del veinte, junto a Vargas Llosa y Arguedas; fue uno de los transformadores de nuestra literatura, y si los demás peruanos fuéramos tan buenos como él, tendría que haber transformado nuestra sensibilidad para siempre”, ha escrito en sus redes sociales el novelista Gustavo Faverón.
Sobre Un mundo para Julius y la fama, el propio Bryce, desde Miami, reflexionaba en 2002 con la distancia de los años: “Mi vida era de una felicidad increíble en el anonimato total y la literatura era mi pasión. De repente se publica este libro [Un mundo para Julius]. Tengo que ir a Barcelona y me atosiga la gente”.
Solitario y tímido
Pero detrás del famoso autor había un hombre ensimismado, solitario y muy tímido, hijo de un empresario, Francisco Bryce Arróspide, y nieto de banquero. Su tatarabuelo José Rufino Echenique fue presidente del Perú entre 1851 y 1855.
Su madre, Elena Echenique, de niño tenía que amarrarlo a la pata de la cama, porque era fácil perderlo de vista allá en la casa de La Punta donde veraneaban.
En el amor, Bryce Echenique dijo tres veces sí en el altar y tuvo un “mediomatrimonio” con una modelo puertorriqueña. Su primera esposa, Maggie Revilla, fue quien alentó su carrera como escritor y lo amenazó con dejarlo si no terminaba su primera novela.
La soledad Bryce aprendió a esconderla entre sorbos de unos vodka tonic. Contó que sufrió de cuadros depresivos y estuvo internado en el hospital psiquiátrico en Montpellier (Francia). Fue en ese contexto médico que escribió la novela El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Y sobre sus cuadros de soledad, depresión, además del amor y la felicidad escribiría en su libro de ensayos, Entre la soledad y el amor (2005).
Al respecto, los reyes de España, Felipe VI y Letizia, a través de la cuenta oficial en la red social X de la Casa de Su Majestad el Rey, lamentaron el fallecimiento del narrador peruano, a quien consideran “uno de los referentes de las letras iberoamericanas, maestro y relator de experiencias humanas, del amor, de la soledad, de la enfermedad y de la felicidad”. El mensaje subraya que: “su voz literaria acompañó a generaciones de lectores y enriqueció la narrativa en español.”
Lamentamos el fallecimiento del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, uno de los referentes de las letras iberoamericanas, maestro y relator de experiencias humanas, del amor, de la soledad, de la enfermedad y de la felicidad.
Sería el propio Bryce Echenique quien contaría, en muchas ocasiones, que conoció al verdadero Perú en las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió Derecho, ya que su padre se negaba a aceptar su vocación literaria. Por ello, tempranamente, en 1964 viajó a París para iniciar su carrera como escritor lejos del escrutinio paterno. Esta ciudad será importante en la narrativa bryceciana.
El escritor consideraba que la vocación literaria se la debía a una tía quien leía a ese niño -triste y agripado y castigado- libros infantiles “bastante crueles” como Corazón, de Edmundo de Amicis.
El mismo niño que dejaría preocupado al sacerdote cuando le confesó que había llorado más por la muerte de los personajes de la ficción que por la muerte de personas de carne y hueso. Quien contaba que en su primera comunión se coló a su lado un pavo, animal que lo acompañó toda la ceremonia hasta el acto de comulgar. Así, exagerando, o acomodando la realidad, había nacido un narrador. Pero de eso ya se habían dado cuenta sus padres, a quienes les preocupaba que su hijo nunca contaba las cosas tal como habían ocurrido. Siempre se alejaba de la verdad.
Entre la escritura y la docencia
Fue en el verano de 1965, en Perugia (Italia), donde realmente Bryce empezó a escribir lo que sería su primer libro de cuentos El camino es así. El manuscrito se lo robaron en París y tuvo que reescribirlo al siguiente otoño. Contaba que fue Julio Ramón Ribeyro quien después de leerlo lo animó a cambiar el nombre del volumen por Huerto cerrado (1968). El conjunto de cuentos obtuvo la mención honrosa del premio Casa de las Américas (Cuba).
Bryce Echenique estudió Literatura en la universidad de La Sorbona y obtuvo un magíster en Literatura por la Universidad de Vincennes. Fue un docente muy puntual, que trabajó en centros académicos franceses como Nanterre, Montpellier, La Sorbona y Vincennes, espacios que sirvieron de inspiración para novelas como No me esperen en abril, Reo de nocturnidad (por esta última, obtuvo en 1998 el Premio Nacional de Narrativa de España) y dos obras que conforman un díptico (Cuadernos de navegación en un sillón Voltarie): La vida exagerada de Martín Romaña y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. También fue profesor visitante en universidades de Estados Unidos y ofreció charlas en diversas universidades de Europa y América.
Sobre el acto de sentarse frente a la hora en blanco, confesó: “antes de escribir, trato de no hacerlo, me doy muchas vueltas, veo si puedo hacer otras cosas, cuando no tengo más remedio, me siento a escribir”.
Al narrador se le asociaba una fama de “disoluto”. Sin embargo, era un escritor “ordenadísimo”, solo así había conseguido una gran producción bibliográfica desde finales de los sesenta. “He sido muy metódico para escribir. He tenido un horario que aplicaba a rajatablas, sobre todo a la hora de comenzar. Me sentaba después de almuerzo y escribía, a veces, hasta la noche. Incluso me enfermé de tanto escribir”, dijo en 2019 a la Agencia Andina.
La oralidad y la memoria
Las novelas de Bryce Echenique tienen como sello lo profuso verbalmente, la oralidad, el humor, la memoria, las anécdotas, sus exquisitos personajes masculinos antihéroes por antonomasia y sus encantadores personajes femeninos.
“Para mí, Bryce no solo escribió buenas novelas, sino que construyó un personaje inolvidable, icónico, una especie de Charlie Brown tercermundista que es la suma de [sus personajes] Julius, Pedro Balbuena y Martín Romaña”, ha escrito en sus redes sociales el narrador Iván Thays.
Sobre la oralidad de sus obras, señalaba: “la oralidad es una ficción dentro de la ficción porque hay que fabricarla. Hay que crear la ilusión de la oralidad”. En el caso del humor, señalaba: “el humor es la manera de ver el lado cómicamente serio de la realidad y un arma increíblemente sutil, de observación”. Los cuentos de su segundo libro de cuentos, “La felicidad, ja, ja” (1974), resumían este concepto bryceciano. El propio autor brindó detalles de sus personajes y circunstancias en un volumen que editó el Fondo Editorial del Congreso del Perú, La historia personal de mis libros (2001).
Crónicas y “antimemorias”
Si bien es más conocido como novelista y cuentista, Bryce Echenique destacó también como cronista y amante de los géneros de memoria y epistolario.
Sus trabajos en periodismo narrativo y memoria están reunidos en varios volúmenes, como A trancas y barrancas y Permiso para vivir. A sus memorias, las denominó “antimemorias”, explicando así la libertad que ejercía al narrar aspectos que vivió o recordaba a su manera, lejos de las exactitudes historiográficas, más cercana a como las rememora el corazón.
En cuanto al género epistolario, trabajó primero en Doce cartas a dos amigos. Y sus dos últimos publicados, Desde la hondonada, volumen 1 y 2, reúnen sus misivas a sus amigos François Mujica y Federico Camino, respectivamente.
Otra faceta de su escritura es el cuento para niños Goig (1987), coescrito con la narradora salvadoreña Ana María Dueñas.
Retornos al Perú
En 1998, volvió al Perú, luego de radicar tres décadas en Europa. A inicios de los años 2000, Bryce Echenique fue criticado por no criticar abiertamente a Alberto Fujimori durante los noventa, sino recién cuando el régimen cayó. Sin embargo, tuvo gestos: escribió columnas contra el autoritarismo desde la revista Caretas y rechazó la Orden del Sol, la más alta condecoración que ofrece el gobierno peruano.
Fue en Ronda, España, donde en 2001 dijo que el régimen de la “dupla siniestra” de Fujimori y Montesinos llevó al “embrutecimiento y envilecimiento de un país entero”, para “lograr que la gente fuera tomando por real lo que era ficción”.
En 2002, ya de regreso a España, Bryce sumó otro reconocimiento: ganó el 51.° Premio Planeta (España) por su novela, El huerto de mi amada, que es la historia del encuentro un chico (“Carlitos Alegre”) que termina el colegio con una mujer cosmopolita (“Natalia”) quien le dobla la edad. Tras recibir el premio Planeta también, contó, sufrió otro cuadro de depresión que lo llevó a internarse en Barcelona.
Una tormenta
Un quinquenio después, Bryce estaría en el ojo de la tormenta: el escritor Herbert Morote lo denunció por plagio de seis columnas a Alfredo Bryce Echenique. Al año siguiente, 2008, la investigadora chilena María Soledad de la Cerda, también sumó otros cinco casos de plagio. En 2009, Indecopi confirmó que Bryce Echenique plagió 16 textos en columnas españolas y lo multo con 71 000 soles.
En ese contexto, a fines del 2007, se había anunciado una versión española de Un mundo para Julius, que contaría en el reparto con los actores Pilar y Carlos Bardem. Sin embargo, el proyecto no prosperaría. Una película con otro reparto y guion se estrenaría en 2021, dirigida por Rossana Díaz Costa. Cabe recordar que hubo una adaptación de la miniserie denominada Julius o Un mundo de sentimientos, lanzada en 1999.
En 2009, volvió a radicarse definitivamente en el Perú. Ese año publicó su libro de cuentos La esposa del rey de las curvas y el libro de memorias Penúltimos escritos, donde combinó crónica y autobiografía.
Otra novela donde echó otra mano la memoria fue Dándole pena a la tristeza (2010), inspirada en la vida de su abuelo banquero Francisco Echenique Bryce. Después de ella, Bryce no publicó otra novela.
A sus premios internacionales se sumó en 2012 el Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances, en medio de acaloradas discusiones en el mundo intelectual por la sombra que había dejado la denuncia del plagio.
A fines del año pasado, el autor recibió un homenaje en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos: el desarrollo de las “Jornadas Internacionales Alfredo Bryce Echenique: las poéticas de la oralidad, la ironía y la memoria”. Como parte de los actos, el autor entregó el manuscrito de Un mundo para Julius como legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Llegó desde España el director del Cervantes, Luis García Montero, para recibir el manuscrito de 500 páginas, el mismo que Bryce había regalado a su amigo, Julio Ramón Ribeyro, y que lo conservaba el hijo de este en su casa, en París. (Con información del Centro de Documentación de Editora Perú)
Obras:
Novelas
Un mundo para Julius (1970)
Tantas veces Pedro (1977)
La vida exagerada de Martín Romaña (1981)
El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985)
La última mudanza de Felipe Carrillo (1988)
Dos señoras conversan (1990)
No me esperen en abril (1995)
Reo de nocturnidad (1997)
La amigdalitis de Tarzán (1999)
El huerto de mi amada (2002)
Las obras infames de Pancho Marambio (2007)
Dándole pena a la tristeza (2012)
Cuentos
Huerto cerrado (1968)
La felicidad ja ja (1974)
Magdalena peruana y otros cuentos (1986)
Goig (1987)
Guía triste de París (1999)
La esposa del rey de las curvas (2009)
Textos biográficos
A vuelo de buen cubero (1977)
Permiso para vivir. Antimemorias (1993)
Doce cartas a dos amigos (2003)
Permiso para sentir. Antimemorias 2 (2005)
Permiso para retirarme. Antimemorias 3 (2021)
Desde la Hondonada 1. Cartas a François Mujica (1965-1999) (2024)
Desde la Hondonada 2. Cartas a Federico Camino (1973-1997) (2025)