Opinión
Periodista
Esta historia común a muchas familias peruanas se refleja en el recientemente publicado Digital Progress and Trends Report 2025 del Banco Mundial (BM), que coloca al Perú entre los países con mayor migración de talentos altamente cualificados. El informe precisa que por cada profesional altamente capacitado que decide establecerse aquí, otros 1.55 peruanos con el mismo o mayor nivel de preparación están haciendo las maletas para irse.
Este indicador es una campanada de alerta para nuestro país, ya que el estudio del BM no solo nos muestra una cifra, sino que nos advierte de una fuga de cerebros que nos debilita.
Debemos tener presente que la IA no es una cuestión de servidores, cables o procesadores de última generación. El verdadero motor de esta tecnología es la gente, las mentes brillantes capaces de traducir algoritmos complejos en soluciones reales, que pueden ir desde optimizar la cosecha de un pequeño agricultor en la sierra hasta digitalizar la atención en un centro de salud en la selva.
Mientras el mundo acelera, nosotros vemos cómo nuestro activo más valioso se nos escapa de las manos. Al perder a nuestros mejores talentos desperdiciamos la oportunidad de dejar de ser simples consumidores de tecnología extranjera para convertirnos en creadores de nuestras propias soluciones. Estamos perdiendo conocimiento y futuro, precisamente cuando más lo necesitamos.
Por ello, sorprende y preocupa que esté minimizado el tema de la IA en esta campaña electoral. Pareciera que no comprendemos que si no gestionamos esta tecnología con visión de país, terminará siendo un nuevo muro, una brecha digital y humana que nos separará aún más de las naciones que sí están apostando por retener y fomentar a su gente.
El 1.55 no debe ser una sentencia, sino una interpelación. Nos obliga a preguntarnos con honestidad si estamos creando en el país el ecosistema necesario para que los jóvenes talentos se quieran quedar aquí a forjar su destino y hacer florecer sus ideas sin tener que mirar hacia fronteras lejanas.
La era de la IA apenas está sacando sus primeras chispas. Retener a nuestra gente, dándoles razones, incentivos y un terreno fértil para arriesgarse es la inversión más estratégica y urgente que podemos hacer. Antes de que el pasaporte que hoy descansa sobre la mesa de muchas familias termine guardado en una maleta de ida, es hora de hacer que el Perú sea el mejor lugar para quedarse.