• VIERNES 13
  • de marzo de 2026

Editorial

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Adiós a Bryce

Bryce permanece en sus libros, en su humor inteligente y en la sensibilidad con que narró la vida. Allí seguirá acompañando a los lectores, recordándonos que la literatura también puede ser una forma de amistad que perdura en el tiempo.

Desde muy temprano, Bryce construyó un territorio narrativo propio. En él convivían la observación aguda de la sociedad y un humor inconfundible que revelaba la complejidad de la experiencia humana.

Su talento alcanzó una resonancia extraordinaria con “Un mundo para Julius”, novela publicada en 1970 y distinguida con el Premio Nacional de Literatura en 1972, que retrató con mirada crítica, y a la vez profundamente humana, ciertos rasgos de la sociedad peruana. Décadas después, el reconocimiento internacional volvió a acompañarlo con “El huerto de mi amada”, galardonada con el Premio Planeta el 2002.

A estos títulos se suman libros memorables como “La vida exagerada de Martín Romaña” y “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz”, entre otros, que forman parte del imaginario literario de varias décadas y que continúan dialogando con lectores de distintas generaciones. En cada una de esas páginas se percibe la voz de un autor que supo convertir las emociones y las contradicciones de la vida en literatura de gran fuerza expresiva.

Pero Alfredo Bryce fue, al mismo tiempo, un personaje entrañable para generaciones de peruanos. Su presencia pública, siempre cálida y generosa; así como su permanente disposición al humor lo convirtieron en una figura cercana. Más allá del prestigio literario supo cultivar una relación afectuosa con sus lectores, quienes reconocían en él no solo a un gran escritor, sino también a una personalidad auténtica y humana.

Su fallecimiento enluta nuevamente a las letras peruanas. En menos de un año, el país despide a otra de sus grandes figuras literarias, tras la partida del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Con la desaparición de ambos se cierra una etapa extraordinaria de nuestra tradición narrativa.

Bryce, junto con Vargas Llosa y el recordado Julio Ramón Ribeyro, integró una generación de autores que ampliaron los horizontes de nuestra narrativa y la proyectaron hacia el mundo. Sus obras, distintas entre sí pero igualmente perdurables, conforman hoy un legado imprescindible para comprender la riqueza y diversidad de la literatura peruana.

Al despedir hoy a Bryce queda la certeza de que su voz no se extingue. Permanece en sus libros, en su humor inteligente y en la sensibilidad con que narró la vida. Allí seguirá acompañando a los lectores, recordándonos que la literatura también puede ser una forma de amistad que perdura en el tiempo.