• VIERNES 13
  • de marzo de 2026

Opinión

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Reflexiones

Una elección sin ideas


Editor
Christian Capuñay Reátegui

Periodista

ccapunay@editoraperu.com.pe


Si se presta atención a las propuestas de los principales postulantes, es posible advertir un patrón común. Casi todos giran alrededor de los mismos temas: más inversiones, más empleo, más seguridad, más servicios, más obras públicas. En el marco de una campaña electoral, no resulta extraño que los candidatos prometan mejoras y cambios como una forma de captar la atención del electorado. Después de todo, las campañas se construyen sobre la promesa de un futuro mejor.

Sin embargo, una lectura más detenida de la agenda planteada por la gran mayoría de postulantes revela un vacío preocupante en asuntos más de fondo, precisamente aquellos que resultan claves para rescatar al país de la prolongada crisis política que limita sus posibilidades de desarrollo.

En el debate público, por ejemplo, casi no hay menciones sobre cómo fortalecer la institucionalidad del Estado, un elemento fundamental para sostener cualquier proceso de crecimiento económico y estabilidad democrática. Tampoco se discute con seriedad cómo recuperar el equilibrio de poderes que ha sido erosionado en los últimos años por sectores políticos que han subordinado las instituciones a intereses particulares.

La ausencia de estos temas no es menor. El desarrollo de un país no depende únicamente de la construcción de obras o de la expansión del empleo, sino también de la solidez de sus instituciones y de la existencia de reglas de juego estables que limiten el abuso del poder. Sin ese marco institucional, cualquier avance económico termina siendo frágil y vulnerable a los ciclos de la crisis política.

Cuando la discusión pública evita los temas estructurales y se refugia en promesas generales de crecimiento y obras, la política termina reducida a una competencia de eslóganes antes que a un verdadero debate sobre el futuro del país.

Tal vez el mayor problema de nuestra política actual no sea únicamente la proliferación de candidatos, sino la pobreza del debate que los acompaña. La democracia no se fortalece simplemente multiplicando nombres en la cédula electoral, sino ofreciendo al ciudadano proyectos claros, instituciones sólidas y visiones de país capaces de ir más allá de la próxima elección. Mientras ese debate siga ausente, la abundancia de candidatos seguirá siendo, en el fondo, una ilusión de elección antes que una verdadera oportunidad de renovación política.