Opinión
Periodista
Vestía un saco gris, que en algún tiempo había sido negro, y portaba un antiguo maletín tipo James Bond. Reflejaba nerviosismo, parquedad y timidez; aun así, en voz baja me habló: “He olvidado mi cinta scotch, ¿puede prestarme la suya para pegar mis papelógrafos?”.
En el 2018, cuando tuvo lugar esta anécdota, ya era inusual usar papelógrafos, pues las herramientas digitales permitían proyecciones virtuales más dinámicas y accesibles. La tecnología estaba reemplazando lo tradicional, transformando la forma de comunicar y compartir conocimientos.
El hombre de traje gris poseía mucha experiencia, pero no obtuvo el puesto de docente universitario en periodismo porque no había sabido adecuarse a los cambios del nuevo siglo.
He de aclarar, sin embargo, que no solo fue descalificado por su falta de competencia técnica, sino también porque el jurado comprobó que muchos aspectos de su trayectoria profesional eran éticamente cuestionables.
Esta escena me lleva a plantear una pregunta crucial que todos los involucrados en el periodismo, ya sea en su ejercicio, enseñanza o aprendizaje, deberíamos abordar con urgencia: ¿Está la educación en periodismo preparada para enfrentar los desafíos éticos que exige el uso de la inteligencia artificial (IA), o está formando profesionales para que no usen papelógrafos sin importar si los contenidos son correctos?
Responder a esta interrogante es vital para definir si estamos formando profesionales para un futuro edificado sobre un presente marcado por una débil práctica ética.
Un análisis reciente del Instituto Reuters resalta que los estudiantes están utilizando herramientas generativas, como ChatGPT, sin una sólida base ética ni un criterio adecuado. Esta dependencia ciega es preocupante porque podría profundizar el deterioro del pensamiento crítico entre los futuros periodistas.
Es esencial preparar a quienes se forman en el periodismo en las nuevas tecnologías, pero también es necesarios prepararlos para que enfrenten los retos actuales y futuros. Por ello, la academia, los medios y los periodistas debemos colaborar a que la educación se transforme en un puente hacia la responsabilidad y la ética.
El hombre que buscaba cinta scotch para sujetar sus papelógrafos fue reprobado porque desconocía el uso de la tecnología moderna, pero lo cierto es que fue descalificado porque su trabajo estaba asentado en el incorrecto ejercicio profesional.
Esta anécdota nos recuerda que la adaptación a las nuevas tecnologías no es solo una cuestión de conocimiento, sino una necesidad urgente para garantizar que quienes ejercen, enseñan y se forman en el periodismo estén equipados para enfrentar los retos éticos del presente y del futuro.