La Huacachina es elegida por National Geographic como uno de los oasis más bellos del mundo
En una selección de escenarios de naturaleza, este atractivo iqueño que es emblemático del turismo del Perú, ofrece lujo en medio de un espacio árido, pero lleno de vida.
El artículo reseña que sus aguas de tonos esmeralda han estado rodeadas de misticismo desde tiempos antiguos, y aún hoy se habla de propiedades medicinales e incluso de la presencia de una sirena. Añade que durante el siglo XX el lugar fue convertido en un balneario exclusivo para la élite limeña, y aún hoy es un destino donde se entremezclan el lujo y la naturaleza más árida.
La Huacachina se localiza justo al oeste de la ciudad de Ica, en el suroeste del Perú. En su centro están las aguas de la laguna de Huacachina, que se cree ofrece propiedades terapéuticas en medio de un escenario espectacular, rodeado de palmas.
Su nombre deriva de una palabra quechua que significa 'mujer que llora', y cuenta la leyenda que esta laguna nace de las lágrimas de una hermosa mujer de ojos verdes, que lloraba la muerte de su amado.
Pero la laguna está llena de vida: sus palmeras y huarangos, hasta las aves que descansan en sus aguas, sus peces y las discretas criaturas que rodean a las dunas, configuran una biodiversidad que se encuentra protegida: La Huacachina es un desierto subtropical declarado como Área de Conservación Regional.
Si un viajero busca un lugar que conecte paisaje natural, leyenda y sostenibilidad, la Huacachina es el destino perfecto.
Esta no es la primera vez que medios informativos internacionales destacan al oasis de La Huacachina como uno de los más bellos del mundo y el único de Sudamérica. Hace un año la cadena BBC Mundo dedicó un reportaje donde afirma que este oasis sobresale por su extraordinaria belleza, historia y dimensiones.
El lugar ofrece también al visitante experiencias únicas, desde relajarse en las orillas de la laguna, hasta aventurarte en sus impresionantes dunas con emocionantes paseos en buggy o lña practica del sandboarding.
Julia Cuesta del Hoyo, redactora de Viajes de National Geographic, destaca a este atractivo natural de nuestro país, junto a otros oasis del mundo entre los que destacan:
Siwa, Egipto. Ubicado en lo más profundo del desierto Líbico, cerca de la frontera con Libia, este oasis de aguas turquesas, de arenas blancas y un escenario de palmeras, se abre paso este lugar, que aún acoge a la única comunidad bereber del país.
Tras siglos de aislamiento debido a la falta de conexiones con otras ciudades, el lugar ha mantenido intacta su lengua y su cultura. Además, por si eso no fuera suficiente, la magia del enclave se intensifica al añadir un dato clave: albergó el Oráculo de Amón, un templo sagrado donde el propio Alejandro Magno acudió para ser reconocido como hijo del dios.
Oasis Ubari, Libia. El Erg de Ubari es un océano de dunas gigantes que se extiende por el suroeste de Libia, salpicado de grandes lagunas que contrastan con su entorno rojizo y terroso. Estos lagos, como el famoso Umm al-Maa, son hoy prueba de un ecosistema que hace miles de años fue fértil. Los lagos se encuentran rodeados de paredes de arena roja y palmeras, y son conocidos por su salinidad extrema (puede que mayor a la del océano).
Yueyaquan, China. El desierto de Gobi, concretamente la parte próxima a la ciudad de Dunhuang, guarda en su interior uno de los lagos más curiosos -y bellos- del mundo. Con una perfecta forma de media luna, como si hubiera sido dibujado, este lago ha desafiado el avance de la arena durante más de 2.000 años.
El enclave fue una parada crucial en la Ruta de la Seda, sirviendo de consuelo espiritual y físico a quienes la recorrían. Sin embargo, lo más fascinante es su equilibrio natural: las corrientes de aire locales generan un efecto de torbellino que impide que la arena entierre por completo el pequeño vergel, preservándolo hasta nuestros días.
Wadi Bani Khalid, Omán. A diferencia de los oasis rodeados de arena, Wadi Bani Khalid es un rincón frondoso y salvaje en medio de un cañón de piedra caliza. Este es, probablemente, el oasis más famoso de Omán, y se nutre de manantiales subterráneos que fluyen todo el año.
Sus aguas turquesas se reparten por diferentes piscinas naturales que, a su vez, se encuentran rodeadas de rocas blancas y plantaciones de mangos y dátiles. Más allá del agua y la naturaleza, el enclave está salpicado de cuevas húmedas y frescas, que contrastan con uno de los lugares más calurosos del mundo.
Chebika, Túnez. El oasis de Chebika emerge a los pies de las montañas del Atlas, convirtiéndose en el primer oasis «de roca» de la selección. Las cascadas brotan desde las propias grietas de las montañas, y las palmeras se asoman desde sus cañones mismos cañones.
El lugar, también conocido como Castillo del Sol, ofrece una escena fascinante y cinematográfica, por lo que no es de dudar que fuera elegido por George Lucas para filmar escenas de Star Wars, además de ser uno de los escenarios clave en El paciente inglés.
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