Económika: Liderazgo estratégico en la era del algoritmo
El fin del aprendizaje pasivo y el retorno al pensamiento complejo como distinción de éxito profesional frente a mercados de alta incertidumbre y competencia.
William Ríos Rosales
Periodista
wrios@editoraperu.com.pe
Nos encontramos en una transición global comparable a la Revolución Industrial; un cambio de paradigma que obliga a las instituciones de educación superior a replantear estructuras que, en esencia, arrastran herencias de la Edad Media.
Optimización de procesos
La especialización rígida del último siglo cede ante un enfoque basado en la resolución de problemas y la experimentación. En este entorno, la resiliencia operativa de las organizaciones se sustenta en su capacidad para optimizar procesos mediante la transformación digital.
No obstante, Fernández advierte un dato crítico para las inversiones en bienes de capital y activos fijos, pues aproximadamente el 95% de los proyectos de inteligencia artificial no logran escalar a una fase de producción exitosa.
El secreto de la sostenibilidad no reside en la automatización absoluta, sino en alinear cada piloto con la hoja de ruta corporativa y aceptar el “fallo rápido y barato” como un insumo crítico de conocimiento.
A medida que la técnica se delega en máquinas, el juicio crítico y la persuasión directa emergen como las facultades más determinantes en la instrucción de directivos, asegura.
La intuición profesional no pierde vigencia; se fortalece porque las nuevas herramientas permiten testear hipótesis con una celeridad sin precedentes. El guía moderno debe transitar de la planeación estática hacia la acción, aceptando la duda como una constante. En este diseño, la adaptabilidad es la nueva distinción de éxito, exigiendo una mentalidad que no castigue la equivocación, sino la incapacidad de evolucionar tras ella.
De acuerdo con la académica, la curiosidad se posiciona como el motor del lifelong learning, indispensable para perfiles que deberán reinventarse múltiples veces a lo largo de su trayectoria.
La formación de cuadros debe priorizar el intercambio social y la interacción en tiempo real –como el método de casos–, donde el debate obliga al alumno a abandonar la inercia digital.
Solo fomentando estas dotes humanas, las compañías podrán diseñar sistemas donde los robots integren el equipo, permitiendo que el software sea útil bajo el mando de un criterio humano sólido.
El futuro del sector no depende de competir con procesadores, sino de usarlos como extensiones de la psique. Si el razonamiento del mando no es sofisticado, el resultado del modelo tampoco lo será.
Según Fernández, las entidades seguirán vigentes solo si logran incentivar la capacidad de aprender a aprender en una generación que debe recuperar la audacia frente al riesgo y la profundidad en el diagnóstico de gestión. El aprendizaje activo no es negociable; es el único puente hacia la relevancia en un mundo automatizado.
Sin ese compromiso individual, la tecnología es solo ruido. La verdadera transformación digital comienza en la sinapsis, no en el código de un programa.
Agudeza del juicio
Es tiempo de que la alta gerencia entienda que su mayor activo no es el software que adquiere, sino la agudeza del juicio que lo dirige. Solo así, la educación ejecutiva cumplirá su misión de forjar líderes capaces de navegar la incertidumbre con herramientas del siglo XXI y un pensamiento crítico que es, por definición, eterno.
El éxito no se encuentra en la velocidad del procesador, sino en la profundidad de la pregunta. Quien no se esfuerza por comprender la complejidad del entorno, terminará siendo reemplazado por la simplicidad de una tarea automatizada, sostiene Fernández.
Por ello, el retorno a lo humano es la estrategia más vanguardista que un líder puede adoptar ahora.
Datos
La automatización desplaza la relevancia del simple conocimiento acumulado hacia la capacidad de resolución en entornos disruptivos.
En la instrucción ejecutiva de alto nivel, el networking y la interacción cara a cara recuperan su estatus como activos estratégicos insustituibles.
El aporte transferido al guía no reside en el contenido técnico —disponible a un clic—, sino en la salida a conflictos en tiempo real y la confrontación dialéctica de posturas opuestas.
Mientras la inteligencia artificial procesa datos con eficiencia, carece de la persuasión y el sentido social necesarios para cerrar acuerdos complejos o liderar equipos en crisis.
Por ello, la vigencia del directivo depende de su habilidad para integrar la potencia analítica del software con la riqueza del contacto humano, asegurando que la tecnología potencie la visión de negocio.
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