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Cuando cumplió 18 años, intentó sumarse al Ejército, pero debido a la falta de apoyo, tuvo que descartar esa opción. Meses después, con la excusa de buscar a su progenitor, se retiró de aquel inmueble con dirección a Arequipa, donde por azares del destino despertó un amor por la zapatería.
“Viajé de Puno a Arequipa para tener una oportunidad de empezar de cero. Ayudaba en los mercados, tiendas u obras de construcción, hasta que un día un señor vio mi esfuerzo y me preguntó si quería estar en su zapatería. Acepté con mucho gusto y me presenté. Le dije que no sabía mucho de ese oficio, pero me respondió que quería a alguien lleno de perseverancia y honestidad”, relató.
Desde ese momento, mantuvo la esperanza de tener un pequeño espacio donde pudiera arreglar zapatillas, tacos, sandalias, entre otros calzados; además de limpiarlos para dejarlos como nuevos.
Don Sebastián es parte del programa Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), y gracias a ello, siempre lo invitan a abrir un módulo para ofrecer sus servicios en las ferias que se organizan con los gobiernos locales, convirtiéndose en una oportunidad para generar un ingreso adicional con su actividad económica.
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“Los zapatos son muy importantes en una persona, más aún cuando camina demasiado, va de un lado a otro y si no pisa bien, se cansa y puede tener una serie de enfermedades. Atiendo a todos en mi puestito de la calle Otro Conquistador del centro poblado Selva Alegre (Arequipa)”, precisó.
Mientras cambia un par de suelas, desgastadas por tanto andar, recordó que durante su primer empleo como zapatero no le pagaban un dinero mensual, pero le daban alojamiento, desayuno, almuerzo y cena; factores que aprovechó para aprender más.
“Yo le dije que no me importaba si no me pagaba, pero el señor, que se llamaba Jorge, me contestó que tenía que reconocer mi esfuerzo, así que me quedé y no me faltó comida”, resaltó.
Con una profunda melancolía, el usuario de Pensión 65 del Midis reflexionó sobre las adversidades que afrontó y después de dar un paseo por sus recuerdos pidió a los adultos mayores que nunca se rindan porque no hay edad para trabajar por sus sueños, aunque el camino sea difícil. “Hay que ponernos nuestro mejor calzado, el de la perseverancia, para seguir avanzando”, profundizó.
Pasión
Sebastián Limache incursionó en el mundo de la música. Antes de ser zapatero, utilizó sus ahorros para comprar una mandolina y hacer pequeñas presentaciones en la plaza de su localidad. Incluso, en una temporada, lo invitaron a formar parte de una agrupación y viajó a diferentes puntos nacionales e internacionales, como Antofagasta e Iquique (Chile). “Tocar es uno de mis pasatiempos favoritos”, añadió entusiasmado.