Laureado escritor marcó la escena cultural peruana. Su partida el año pasado dejó un gran vacío en el debate intelectual.
Ernesto Carlín Gereda
Editor de Culturales
ecarlin@editoraperu.com.pe
A muy corta edad ya era el autor de obras monumentales. Con tan solo 33 años había publicado La ciudad y los perros, La Casa Verde y Conversación en La Catedral.
Pasión por las letras
Sobre la primera de estas, Vargas Llosa señaló que “es la que más sorpresas me ha deparado y gracias a la cual comencé a sentir que se hacía realidad el sueño que alentaba desde el pantalón corto: llegar a ser algún día escritor”.
En una conferencia que dio en el Perú luego de recibir el Nobel, contó con una sonrisa que se había topado con lectores que le discutían sobre la trama de la novela. Uno de ellos, un crítico muy reputado, le mostró quién era o no el que había asesinado por la espalda al Esclavo.
Aunque nació en Arequipa, al año de nacer se mudaría a Cochabamba, Bolivia; y luego a Piura, Callao y Lima, antes de partir al extranjero.
De su paso por Bolivia, recordaba que sucedió un hecho clave: aprendió a leer. Y con ello, cayó fascinado por el mundo de las letras.
Citaba a la saga de Sandokán, de Emilio Salgari, y Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, entre otros libros, como los primeros que lo capturaron para siempre.
Lector omnívoro, dedicó parte de su obra a comentar a otros autores. Allí está La orgía perpetua, libro dedicado a Madame Bovary, de Gustave Flaubert; La tentación de lo imposible a Los miserables, de Víctor Hugo; La utopía arcaica a la vida y obra de José María Arguedas; y García Márquez: historia de un deicidio sobre Cien años de soledad y las anteriores obras del nobel colombiano.
Estos dos últimos títulos tienen su miga. José María Arguedas representa una propuesta muy distinta de entender la literatura y al Perú. Mientras que el autor de El amor en tiempos del cólera tuvo con Vargas Llosa una relación intensa de amistad y posterior alejamiento.
Fantasía
El autor de La tía Julia y el escribidor confesó muchas veces que su sueño era dedicarse a ser dramaturgo. Una obra inhallable ahora, La huida del inca, fue en la época escolar su primera presentación en sociedad como autor.
Sin embargo, quiso el destino que su principal actividad fuera escribir novelas.
En varias de ellas, combinaba hábilmente su propia experiencia vital con la ficción. Un ejemplo es El hablador, muy lograda novela breve que suele pasar desapercibida.
En ella, un alter ego suyo sirve para que se conozca la historia del hablador, un narrador de historias machiguenga singular.
Aunque la obra que más parece un reflejo de su vida es La tía Julia y el escribidor. Su pluma, dicho sea de paso, se paseó por casi todo el Perú, y viajó a otras latitudes como África (El sueño del celta) o Tahití (El paraíso en la otra esquina), además de Brasil (La guerra del fin del mundo), República Dominicana (La fiesta del Chivo) y Guatemala (Tiempos recios).
Tablas
Pero Vargas Llosa sí se dio el gusto de escribir obras de teatro. Su producción como dramaturgo, no tan prolija como la que tuvo como narrador pero igual presente, dio algunos títulos de interés.
Me atrevo a decir que La Chunga es la más representativa de su legado. Con ella regresamos al ambiente de La Casa Verde, una de sus obras cumbre, en la Piura de las primeras décadas del siglo XX.
Incluso el escritor se animó a subir a las tablas a interpretar algunas obras bipersonales. En el Perú lo hizo junto con la actriz Vanessa Saba. En otras latitudes lo hizo con Aitana Sánchez-Gijón.
Rápido está pasando el año de su partida. Se cumple el aniversario dentro de pocos días. Queda acostumbrarnos a la idea de que el polifacético Lituma, personaje de varias de sus obras, no vuelva a aparecer descrito por su pluma.
La voz de la tribu
Hace pocos días, convocados por su casa editorial, un grupo de escritores y periodistas participamos de la lectura colectiva de pasajes escogidos de la obra del narrador arequipeño.
El acto tuvo lugar en el parque Chino, en el malecón de Miraflores, muy cerca del barrio de Diego Ferré, tan presente en sus libros.
Mientras nos turnábamos para decir las palabras que él había escrito, ante la mirada de parte de su familia y amigos, intercambiamos anécdotas de nuestras lecturas. El evento evocó esas épocas en que la tribu se reunía alrededor de una fogata para escuchar las historias que el miembro mayor del grupo narraba. Se le echa de menos, incluso para llevarle la contra.
Datos
Mario Vargas Llosa es identificado en especial como novelista, pero también incursionó en otros quehaceres.
Se inició como periodista a muy temprana edad.
Su columna de opinión Piedra de Toque la mantuvo vigente por décadas.
También incursionó en la televisión en la década de 1980.
Tuvo un coqueteo con la dirección de cine, llevando a la pantalla grande Pantaleón y las visitadoras en la década de 1970.
Sin embargo, no le gustó el resultado y esa película es difícil de conseguir y ver.