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Sin embargo, el sábado 28 de marzo esa distancia comenzó a acortarse. El presidente José María Balcázar llegó a Puno con un objetivo que trasciende la visita: retomar el vínculo con el sur y encaminar un proceso de reconciliación urgente.
Pero no una reconciliación vacía, solo de momento. La consigna del presidente Balcázar es encaminar una reconciliación alejada de discursos vacíos y más cerca de decisiones concretas. Porque en Puno, las brechas sociales y de infraestructura son una realidad que se ha acumulado durante décadas.
En esa realidad, el actual jefe del Estado busca marcar un punto de quiebre. Sabe que su gobierno es de transición, pero también de acción; y con mayor énfasis en territorios donde el paso del tiempo y la indiferencia han terminado por desplazar el progreso, y donde hoy se requieren decisiones firmes para empezar a revertir esa realidad.
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Conectividad aérea
En ese punto de quiebre, el Gobierno decidió empezar por uno de los ejes más visibles del desarrollo: la conectividad.
En Juliaca, el Ejecutivo anunció el destrabe de más de 470 millones de dólares destinados a la modernización de la infraestructura aeroportuaria del sur, una decisión que busca corregir años de estancamiento en proyectos clave para la integración del país.
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La intervención no es menor. Comprende la mejora de aeropuertos estratégicos como Juliaca, Arequipa, Tacna, Puerto Maldonado y Ayacucho, configurando una red que apunta a dinamizar el turismo, el comercio y la articulación territorial. Más que una inversión puntual, se trata de una apuesta por reconfigurar la forma en que el sur se conecta con el resto del país.
En el caso de Juliaca, el impacto es aún más significativo. Con una inversión cercana a los 250 millones de dólares, el aeropuerto Inca Manco Cápac será transformado en una infraestructura moderna, con mejoras en pista, terminal de pasajeros, sistemas de seguridad y drenaje, orientadas a garantizar su operatividad incluso en condiciones climáticas adversas.
Frente a ese escenario, el Ejecutivo ha buscado introducir un elemento que trasciende la obra física: la transparencia. La adenda que permite destrabar estas inversiones incorpora una cláusula anticorrupción como causal de caducidad del contrato, en un intento por evitar que los proyectos vuelvan a quedar atrapados en las mismas prácticas que, durante años, frenaron su ejecución.
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“Ahora empieza otra concepción respecto del sur andino, tenemos que integrarlo”, sostuvo el presidente durante su intervención, dejando en claro que el objetivo no es solo modernizar infraestructura, sino cerrar una brecha histórica de conectividad.
Agua y saneamiento
Pero si la conectividad permite integrar territorios, el acceso al agua define la calidad de vida. Y es ahí donde las brechas en Puno se vuelven más evidentes.
En Juliaca, el inicio de la segunda etapa del Proyecto Integral de Agua Potable y Saneamiento (PIAA) marca un avance concreto en una intervención largamente esperada. Con una inversión que supera los 1,700 millones de soles y financiamiento internacional, el proyecto beneficiará a más de 370,000 personas, ampliando redes, conexiones domiciliarias y capacidad de tratamiento de agua.
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No se trata solo de ampliar cobertura, sino de construir un sistema que permita responder a una demanda creciente en una de las ciudades más dinámicas del sur. La ejecución por etapas –algunas ya en marcha y otras en proceso de adjudicación– refleja la magnitud de una obra que durante años permaneció detenida.
Horas más tarde, en la ciudad de Puno, el Ejecutivo avanzó en otra pieza clave: el financiamiento del Convenio 025, destinado a mejorar y ampliar los servicios de agua potable y alcantarillado para más de 154,000 habitantes. Con una inversión cercana a los 800 millones de soles y respaldo del Banco Mundial, el proyecto busca cerrar una brecha estructural en la capital regional.
En ese contexto, el Gobierno ha insistido en la necesidad de sostener el diálogo con autoridades locales para garantizar la continuidad de las obras. No como una formalidad, sino como una condición para que los proyectos no vuelvan a quedar a medio camino.
Sin embargo, el desafío va más allá de la infraestructura. La contaminación del lago Titicaca, uno de los principales símbolos de la región, sigue siendo una deuda abierta. Su inclusión en la agenda presidencial evidencia que el desarrollo no puede desligarse de la sostenibilidad ambiental.
Más que los anuncios, lo que deja esta visita es una señal. En un país donde la presencia del poder ha sido históricamente desigual, volver a Puno después de cuatro años constituye una decisión política relevante.
Dato
1.25 millones de personas es la población aproximada de Puno.