• VIERNES 3
  • de abril de 2026

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Cardenal Castillo: La humanidad no está hecha para matar, sino para amar y servir a los demás

Durante su homilía por Viernes Santo, sostuvo que el amor es la única salida que nos queda, una esperanzadora salida, y una salida posible a nuestros problemas.

También denunció a aquellas personas que utilizan la religión para encubrir su apetito destructor y antihumano. 

"El Señor nos desarma porque no tiene una sola arma en su mano ni en su corazón. Él nos desarma con su comportamiento y nos hace ver cómo el amor se introduce y nos quita la capacidad de agredir", expresó durante su homilía.

"Este relato que durante más de veinte siglos la comunidad cristiana universal recuerda, es para que comprendamos la hondura y la belleza del Dios que nos ha creado y del Dios que nos ha amado hasta el extremo a todos los humanos; para que comprendamos cuánto la humanidad puede aprender de ese humano llamado Jesús que, siendo hijo de Dios, se encarnó entre nosotros y se metió en nuestro corazón, en nuestras vidas, para revelarnos una cosa: que el ser humano no está hecho para destruir, sino para amar", afirmó.


El cardenal Castillo, dijo que una situación como la que estamos viviendo en el mundo, donde ciertos humanos se consideran “superhumanos”, dioses del Olimpo, capaces de destruir la vida humana y de pisotearla, desatando guerras crueles, llevándose por los impulsos del dinero y la ambición, creyendo que así son verdaderamente humanos, necesitamos del socorro de Jesús para aprender qué cosa es la humanidad.

Sostuvo que la humanidad no está hecha para matarse; la humanidad está hecha para entregar nuestras vidas por los demás, para que comprendan que el amor es la única salida que nos queda, una esperanzadora salida y una salida posible a nuestros problemas. 

El prelado señaló que en estos días, personas inhumanas quieren recurrir a Dios para hacerse propaganda o para creer que lo que hacen es divino. "No hay nada más infernal que esa pretensión de hacer las cosas en nombre de Dios, como lo hicieron los sacerdotes de Israel, que provocaron este asesinato de Jesús en forma organizada y pormenorizada, imponiendo una ley totalmente distorsionada de lo que es la ley del amor", enfatizó.

En tono reflexivo, el arzobispo de Lima dijo que, en momentos duros y difíciles para la humanidad, en que podríamos desaparecer por efecto de las bombas atómicas que están preparadas, "tenemos la tarea fundamental de que, gracias al amor de Jesús, desde los sufridos y golpeados de la sociedad, nos organicemos para hacer recapacitar a esta humanidad, en especial, con el llamado de nuestro Papa León XIV, que nos pide anunciar y promover una paz desarmada y desarmante.

El cardenal recordó que este día que nos anuncia la muerte del Señor, es un día para contemplar que es una muerte para no bajarse de la cruz y matarnos. "Como decía el Papa Francisco: “no está clavado allí por la fuerza de los clavos, sino por su infinita misericordia”. Esa misericordia hizo que no se bajara para justiciar a todos los que tramaban su muerte y, como Hijo de Dios, nos comunicó que todos somos hijos y, por lo tanto, nadie debe ser condenado a muerte".

Durante su larga homilía, Castillo dijo que cuando creemos en él, hemos de vivir también la misma capacidad de comprender. Este Dios que nos deja sorprendidos con su amor, que no se baja de la Cruz pudiendo hacerlo, sigue teniendo paciencia y amando profundamente.


"Él nos invita a todos a que, con esa paz desarmada y desarmante con la que la primera Iglesia mostró la capacidad de ayudar al ser humano a recapacitar a través de una educación profunda en el respeto, en la consideración del otro, hoy es más urgente que nunca".

"Lo importante es que Jesús pertenecía al pueblo sencillo y, desde su sencillez, todos los pueblos de la tierra están llamados a ser fuerza común de cariño y de amistad, a neutralizar la destrucción que algunos pocos quieren hacer". 

Señaló que últimamente se va acumulando una conciencia generalizada en donde todos queremos la paz. "No nos paremos en esta decisión, sigamos adelante en las iniciativas pacificadoras del mundo. "Unámonos al Santo Padre León XIV en esa perspectiva, y hagamos que la Iglesia sea promotora de esas capacidades", sostuvo.

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