• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

Sábado de Gloria


Editor
Verónica Coello Moreira

Comunicadora social y escritora


El Sábado de Gloria tiene ese matiz de día intermedio, un momento para reflexionar sobre la esperanza, la confianza y mirar hacia dentro de nosotros cómo vamos realmente.

De esta manera, me conmueve ver en las iglesias los mantos con los que han cubierto todo su interior, se percibe un luto, como si la cabeza que dirige una familia hubiera muerto y sus familiares están un poco perdidos todavía. Imagino viajar en el tiempo y trato de comprender a la madre que se rompió al ver sufrir a su hijo colgado en una cruz sin poder pelearse con todos y bajarlo para confortarlo, abrazarlo y susurrarle que todo estará bien. La madre al pie de la cruz, la mujer que sacrificó su vida y se puso en peligro frente a una sociedad machista por su fíat generoso, por ese sí, sin pensar en ella sino acatando la voluntad de quien reconocía como su Dios. Pienso en el hijo, sacrificándose por los demás, mirando sufrir a su madre y sufriendo muchísimo también. Su parte humana a flor de piel, pero su convicción divina por encima de todo. Pienso en Magdalena, la mujer fiel en amor, compañía y dolor, pero luego de que este hombre muere y lo bajan de la cruz, ¿qué pasó el día siguiente?

Pienso que ese y este sábado tienen en común la tristeza e incertidumbre de un mundo que muchas veces decepciona, pero que también nos brinda razones para continuar. Hoy es un buen momento para reflexionar sobre nuestra vida y las raíces de nuestros valores y creencias. ¿Qué tanto confiamos en el porvenir? ¿Hasta qué punto hoy es solo un día feriado para beber, celebrar y pasear? ¿O realmente es un día que nos llama a detenernos y revisar cómo vamos realmente? Todos somos libres de elegir abrazar una creencia o francamente no creer en nada más que en nosotros, pero para los católicos hoy es un día que debe ser manejado con la importancia que merece la espera de la promesa del triunfo de la vida sobre la muerte. Finalmente, cierro esta columna con las palabras de Santa Teresa de Ávila: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta”.