• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Cultural

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Literatura peruana

Dándole puñetazos a la realidad, comentario al libro «Todos los muertos de mi felicidad»

En su nuevo libro de cuentos, de corte neorrealista, Gabriel Rimachi Sieler rinde tributo a Mario Vargas Llosa. Son historias que transcurren en Lima y el norte peruano.

Editor
José Vadillo Vila

Periodista



Después de trajinar por la novela –La casa de los vientos (2022) y la novela corta para niños La historia del capitán Ostra (2020)– el escritor limeño Gabriel Rimachi Sialer retorna al cuento con «Todos los muertos de mi felicidad», un conjunto de nueve historias cortas que tiene como eje la violencia y el neorrealismo. 

Su trabajo anterior en el género, Historias extraordinarias (2020), tuvo muy buena crítica. Rimachi domina el arte del cuento, y va sumando reconocimientos dentro y fuera del país por este trabajo. 

Todos los muertos de mi felicidad constata su efectividad narrativa. Se inicia con un puñetazo: «Ciudad solitaria», historia que define la naturaleza cáustica del conjunto. 

Aquí, Rimachi Sialer aborda con crudeza y a detalle el tema de los centros de aborto clandestino en Lima. Lo hace desde la perspectiva del joven –estudiante, sin recursos económicos– que acompaña a su pareja. El narrador-personaje actúa casi como un autómata, carece de acción propia, mientras ella –con el cuerpo y el alma destrozados– es tratada sin delicadeza, casi como un objeto, en un centro médico carente de estándares de calidad. Mientras avanza la lectura, el lector siente la opresión que le causan los detalles, la situación se comporta como una jaula donde él mismo ha buscado encerrarse.    

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Gabriel Rimachi Sialer hace guiños en Todos los muertos de mi felicidad a referentes cinematográficos y literarios. Hay una huella y un tributo directo al nobel Mario Vargas Llosa (1936-2025) en «Elogio de la sirvienta» y «¿Quién mató a Palomino Molero?». En ambos, el autor –quien ha dictado talleres narrativos– demuestra sus conocimientos sobre diversos aspectos del trabajo de nuestro novelista mayor. Conoce a detalle los personajes y la forma de narrar del desaparecido escriba. 

El primero, «Elogio de la sirvienta», ofrece un camino alterno a los personajes de la novela erótica por antonomasia de Vargas Llosa, «Elogio de la madrastra». Rimachi aprovecha para elaborar una crítica social. 

Personalmente, «¿Quién mató a Palomino Molero?» me parece de los mejores. No solo llena el vacío entre lo que sucede en la mente de Lituma, desde que deja Talara y llega a Lima, para enrumbar a Junín donde ha sido destacado por andar de preguntón. Aquí, Rimachi no ha descuidado ningún aspecto (incluídos los clichés). Esta suerte de resumen y epílogo de la novela homónima satisfacerá a los amantes de la novelística de Vargas Llosa.  

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Es indudable que el autor tiene facilidad para la narrativa realista brutal. En «Serpico, sin Al Pacino» la violencia arrastra todo a su alrededor y se regodea en sí misma, sin cedazos. «Manual del ingresante» habla de la presencia de la comunidad venezolana y sus urgencias por sobrevivir en la caótica Lima, que los mira con desconfianza. 

Rimachi tiene el oído afinado al habla de la calle. Tiene facilidad para los personajes costeños, el norte peruano y Lima, escenarios principales donde suceden las historias. De esta última, la avenida Alfonso Ugarte es un escenario clave de las ficciones. 

En «Ofelia» da rienda suelta a las técnicas literarias. El personaje presenta un desdoblamiento: su yo del pasado y su yo del futuro se encuentran en una misma circunstancia que actúa como bisagra, donde los tiempos convergen.   

Otro aspecto de la formación del autor es el periodismo. En «Monsieur Hernández» despliega todo su conocimiento sobre los códigos de la redacción periodística y la idiosincrasia de los seres que las habitan (periodistas, fotógrafos y directores, etc.), quienes encuentran en esa adrenalina diaria el combustible para darle razón a sus existencias. Sin embargo, esta historia, que encierra una historia negra, presenta algunos hilos que no quedan del todo clarificados.  

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Si bien hay un claro huella neorrealista que determina las historias, el autor explora otros registros: «Paraísos artificiales» es una crítica al papel omnipresente de la inteligencia artificial, a veces desconcertante para los padres de familia.   

Gabriel Rimachi Sieler es un escritor con mucho oficio, pero tiene mayor fuerza cuando su narrativa penetra lo sórdido, lo espeluznante, conjugados con el realismo sucio. El libro cierra con «La vergüenza de los ahogados» donde, justamente, el autor resume lo descrito y despliega su fuerza narrativa al armonizar el terror a la muerte, los brujos del norte y el mar.

Ficha:
Rimachi Sialer, Gabriel. Todos los muertos de mi felicidad (Lima, Editorial Summa y Ciudad Librera, 2026). Pp. 102.

(FIN) JVV / JVV