• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Cultural

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Variedades en el tiempo

Suplemento “Variedades”: poemas de José Gálvez por Semana Santa

Reproducimos cuatro poemas que el polígrafo tarmeño José Gálvez Barrenechea (1885-1957) escribió para “Variedades” con motivo de la Semana Santa. Se publicó el 22 de marzo de 1913. Respetamos la escritura de la época.

LA IGLESIA 
La iglesia está ruinosa, pero tiene su encanto
que es un jardín sonriente que perfuma á su vera,
como una buena anciana que siempre sonriera
á través de los surcos grabados por el llanto.

La iglesia tiene un ángel sobre su campanario
musical y doliente. Cual las almas sencillas
que su virtud esconden, guarda las maravillas
en su interior recóndito como un confesionario.

Sus altares relucen con los llorosos cirios,
los santos cuentan llenos de sangre sus martirios,
entre las viejas torres anidan los mochuelos.

Y en el atrio bendito por sagrados aromas,
ascienden y descienden blanquísimas palomas
como ofrendas y gracias de los místicos cielos.

EL CURA
Con una bondad grave y una paz humildosa
el cura es buen amigo de pequeños y ancianos,
lleva en la beata gracia de sus nudosas manos
una como perenne bendición cariciosa.

Tiene para los recios y maduros aldeanos,
sermones y consejos de sencillez añosa,
y bíblico perdona. con bondad amorosa
las toscas liviandades de los mozos lozanos.

Ya está viejo. Se duerme leyendo su breviario,
no le turban secretos que en el confesionario
antaño le tentaran con perfumes de mal.

Y aunque ayer le siguieran torpes chismografías
las únicas profanas ideas de sus días
son su huerto y las aves que alberga en su corral.

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LA MISA
El buen cura permite que el sacristán pilluelo
aloque las campanas con ruda algarabía
y en el inusitado bullicio de aquel día
los sonidos pretenden alborotar el cielo.

Llaman á misa, llaman sonoras y argentinas,
en todos los casones se alista el vecindario,
mientras vuela el anuncio del claro campanario
llamando á las vecinas á las cosas divinas.

Asoman los aldeanos con sus trajes verdosos,
aún con los dobleces prolijos y guardosos,
modosas van las chicas con aire de misterio.

Los mozos las atisban golosos y atrevidos,
y de la iglesia vienen grotescamente unidos
un carraspear de toses y un olor á zahumerio.

EL VIÁTICO 
Cuando el agonizante tirita con el frío
de la muerte en el lecho, se oye el eco distante
de la plegaria lenta que eleva tremulante
el acompañamiento del viático sombrío.

El párroco aparece con ritual atavío,
llevando entre sus manos el cáliz fulgurante,
le siguen las mujeres con paso vacilante
y tiembla la campana como un escalofrío.

A la puerta se escuchan oraciones llorosas,
las gentes se descubren tímidas y piadosas
alumbrando con cirios ó agitando el zahumerio.

El moribundo mira con ojos extraviados;
y cuando el cura oficia, los rezos ahogados
zumban como si fueran las voces del misterio.

Lea aquí el especial de Variedades dedicado a la Semana Santa.