• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

La humanidad y la Luna


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofía, profesor universitario


Sin embargo, desde hace algunas décadas, su condición artística ha comenzado a diluirse y a ser explicada mediante hipótesis y afirmaciones científicas. Parte de la imaginación humana requiere de zonas desconocidas e inexploradas para que actúen como puntos provocadores. Aunque, al parecer, llegamos a ella en aquella carrera espacial-ideológica, no volvimos. Ahora, de nuevo, intentamos regresar a su rezago mítico en una época sumamente convulsa en estos lares terrestres. Como si la Tierra no bastara para nuestras terribles contradicciones, tenemos la osadía de extenderlas. No nos son suficientes estos territorios bélicos para añadirles una porción del universo que también colonizaremos para fines que escaparán, una vez más, de nuestras manos.

Sabemos que la esperanza y el anhelo pueden ser aplastados por fines geopolíticos. No se trata, pues, de una expectativa por el futuro de la humanidad, sino de un ajedrez imperial en el que la mayoría solo somos espectadores al borde de la desaparición, sin olvidar las claves malthusianas que lo sustentan.

De esta manera, la lírica selenita también termina definitivamente. El habitual satélite se transformará en un campo de batalla, en un puesto militar y en una zona residencial para los megamillonarios que podrán usar sus vehículos espaciales ya existentes ante cualquier inminencia descontrolada en el tercer planeta del sistema solar. Por lo tanto, no es una búsqueda del bien común, sino un interés de unos pocos; no es el gozo épico del conocimiento, sino un instrumento para intereses opacos. Su inminente ocupación por las superpotencias es la línea roja cruzada, una señal pública y definitiva de lo que sigue para la mayoría. Aunque los primeros asentamientos humanos lunares serán transmitidos como un nuevo reality show galáctico e inaugurarán nuevos formatos de telerrealidad y comercialización, esta será la señal irreversible de una inédita forma de repoblación. Dicha repoblación será filtrada por sesgos dominantes y una crudelísima carga de intereses y preferencias. Por eso, invocamos la cautela y una vigilante precaución, pero también la aceptación de que asistimos a una transformación epocal y al nacimiento de una nueva era de la que miles de millones de seres humanos no formarán parte.