• JUEVES 9
  • de abril de 2026

Opinión

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Reflexiones

¿Y dónde está la IA en las propuestas electorales?


Editor
Ricardo Montero

Periodista


Luego de haber revisado los planes de gobierno de las principales fuerzas políticas en competencia por gobernarnos hasta el 2031, me preocupa constatar que ninguna aborda con realismo y propiedad cómo insertará al país en esta nueva era. Es más, la ausencia del término “Inteligencia Artificial” en varios de esos documentos deja en evidencia una desconexión crítica con el futuro del Perú.

Ojo, no buscamos promesas genéricas de “modernizar el Estado”, sino respuestas urgentes a preguntas de fondo: ¿Cómo protegeremos el empleo ante la automatización? ¿Qué marcos éticos regularán los algoritmos en la justicia o la salud? ¿Cómo garantizaremos la soberanía de nuestros datos? ¿En qué nuevas profesiones educaremos a nuestros jóvenes? Ignorar estas interrogantes es desconocer las fuerzas que ya moldean la vida cotidiana de los ciudadanos.

Presentar un plan de gobierno para el próximo quinquenio omitiendo la tecnología más disruptiva del siglo XXI sugiere una visión de desarrollo anclada en el siglo pasado, donde lo tecnológico se reducía a solo comprar computadoras o mejorar la vigilancia o la agilización de trámites, obviando la capacidad transformadora que posee la IA.

Aunque la mayoría de los partidos proponen usar la IA como una herramienta para combatir la corrupción mediante el monitoreo automatizado de contrataciones y la detección de patrones anómalos en el gasto público, fortalecer la seguridad ciudadana con análisis predictivo del delito, integrando sistemas de videovigilancia inteligente, o promover la transparencia y desregulación, pilares de la economía, estas ideas no pasan de ser buenas intenciones, pues se refugian en el concepto genérico de “tecnología de punta para modernizar el Estado”, sin especificar cómo se adaptará el país a la revolución digital en curso.

Si un plan de gobierno no es capaz de nombrar la realidad tecnológica actual, difícilmente podrá gestionarla. Esta carencia nos obliga a leer entre líneas y a preguntarnos si las propuestas de “innovación” y “eficiencia” que se nos presentan tienen un sustento real o son meras fórmulas retóricas para llenar un requisito electoral. La inteligencia, tanto la humana como la artificial, debería ser el centro de cualquier proyecto de país que se pretenda serio. Lamentablemente, en esta campaña electoral, sigue siendo un tema pendiente por resolver.