Opinión
Docente de la Universidad de Piura
En el portal Berlitz se registra que la IA está revolucionando el aprendizaje de idiomas con las siguientes herramientas: procesamiento del lenguaje natural (PLN), el cual se centra en permitir que las computadoras comprendan, interpreten y generen lenguaje humano. Implica el desarrollo de algoritmos y modelos que permitan que las máquinas procesen y comprendan datos del lenguaje natural, como texto y voz. Además, facilitan la traducción de idiomas, el análisis de sentimientos, el resumen de textos, los chatbots y la generación de idiomas.
Aprender un idioma a través de la IA genera numerosos beneficios, por ejemplo, porque la tenemos disponible las 24 horas de cada día. A diferencia de un profesor, la IA puede responder cuando la necesites y de forma inmediata. También, puede practicar el tiempo que quiera, fuera de clases; y no solo traduce, sino que también resuelve preguntas, y hasta puede pedirle que compare frases o que le explique algunos puntos difíciles.
La IA también brinda diversidad, agilidad y ahorro de tiempo porque facilita al instante archivos, presentaciones, flashcards, entre otros. De hecho, es un diccionario rapidísimo. Además, se encuentran la personalización del aprendizaje, la retroalimentación instantánea, la eficiencia en la gestión administrativa y la eliminación de barreras geográficas.
Como podemos observar, la IA brinda valiosa ayuda para el aprendizaje de idiomas. Sin embargo, muchos aún prefieren inscribirse en una academia o escuela de idiomas, fundamentalmente porque hay contacto humano, compañeros con quienes socializar en tiempo real. Hay personas con las que puede establecer vínculos afectivos o conversar para perfeccionar un idioma; este aspecto no puede ser reemplazado con lo que ofrece la IA. Las discusiones, los chistes, el gozo de aprender y mejorar juntos; además del compromiso semanal en su agenda son motivaciones muy poderosas para volver cada clase.
La tecnología puede reducir la interacción humana, fundamental para una enseñanza significativa. Por eso, la Unesco recalca que si bien la IA puede apoyar la educación, los docentes deben permanecer en el centro de esta, liderarla; deben guiar a los estudiantes con la empatía, la creatividad y el criterio que ninguna máquina puede reemplazar.
Por ello, actualmente, algunas instituciones educativas ofrecen clases y cursos mayormente enfocados en el lado humano de la educación y no solo en las bondades que ofrece la tecnología. En estos centros, el aprendizaje no se trata únicamente de información, sino también de descubrimiento, exploración, integración y transformación.
Con esta filosofía, las clases deben ser espacios donde profesores y alumnos se reúnan para desarrollar confianza, conexión y curiosidad. En una clase, la voz de todos, los errores son bienvenidos y el crecimiento es un camino compartido. Además, los alumnos exploran temas significativos, comparten experiencias y practican inglés de forma auténtica y conectada. Con el tiempo, estas prácticas compartidas desarrollan habilidades, confianza y un sentido de comunidad que se extiende mucho más allá del aula.
Ahora más que nunca es importante tener en cuenta lo siguiente: la IA no sustituye –ni podrá hacerlo– aquello que es esencial en la labor docente: la empatía, la creatividad, el acompañamiento, el juicio crítico o el interés genuino por el bienestar de nuestros estudiantes.
La IA ha convertido al docente en un facilitador del aprendizaje, con nuevas responsabilidades como el diseño de experiencias personalizadas, la interpretación de datos educativos y la mediación del uso ético de la tecnología.
Los educadores debemos ser capaces de identificar, evaluar e integrar tecnologías educativas pertinentes que potencien el aprendizaje. Esto implica no solo dominar herramientas digitales, sino también diseñar experiencias pedagógicas que puedan ser utilizadas con sentido crítico y propósito formativo.
Es importante recordar lo siguiente: la Unesco aboga por un enfoque de la inteligencia artificial (IA) en la educación centrado en el ser humano, que priorice la equidad, la inclusión, la ética y la supervisión humana. Busca potenciar las capacidades docentes y mejorar el aprendizaje, al tiempo que advierte sobre la brecha digital, los riesgos de sesgo y la necesidad de regular su uso para asegurar que no aumenten las desigualdades.