Opinión
Gerente de salud de la Clínica Stella Maris
El problema no es únicamente cuánto vivimos, sino que seguimos llegando tarde al sistema de salud. Las enfermedades crónicas como la hipertensión (que afecta aproximadamente al 15% de la población adulta), la diabetes (con una prevalencia cercana al 5%) o las afecciones cardiovasculares (responsables de alrededor del 28% de las muertes en el país) no aparecen de un día para otro, pero en la práctica suelen detectarse cuando ya han avanzado. Se estima que alrededor de 6% de las personas con estas condiciones no cuenta con un diagnóstico oportuno, lo que limita las posibilidades de intervención temprana.
En ese contexto, el sistema continúa operando de forma mayormente reactiva. Las atenciones se concentran en etapas avanzadas de la enfermedad, cuando los tratamientos son más complejos y costosos. Esto no solo incrementa la presión sobre los servicios de salud, sino que también impacta en la capacidad funcional de los pacientes y en la sostenibilidad del propio sistema.
A ello se suman factores de riesgo que siguen siendo persistentes. En el Perú, más del 62% de la población presenta sobrepeso u obesidad, mientras que el sedentarismo alcanza a aproximadamente 50% de los adultos. A esto se suma que cerca de 70% de las personas no realiza chequeos médicos de forma regular. No es poco común que una persona conviva durante años con una condición sin diagnóstico, hasta que los síntomas obligan a acudir a consulta.
Frente a este escenario, la prevención deja de ser un complemento y se convierte en un eje central. Los chequeos periódicos permiten identificar factores de riesgo a tiempo y tomar decisiones oportunas que pueden cambiar el curso de una enfermedad. De hecho, una intervención temprana puede reducir hasta en 50% la progresión de enfermedades crónicas y mejorar significativamente los resultados en salud.
El estancamiento de la esperanza de vida no es un dato aislado; es una señal de alerta. Las enfermedades crónicas concentran una proporción significativa de la carga de enfermedad en el país y vienen generando una presión creciente sobre los costos del sistema de salud, con impactos cada vez más relevantes en el gasto sanitario total.
El verdadero desafío va más allá de vivir más años; implica asegurar que esos años se vivan con salud, autonomía y calidad de vida.