Convivir
“Ante una crisis económica, los roles en la familia se vuelven rígidos o se quiebran. La comunicación suele pasar de colaborativa a defensiva y se altera la armonía y la seguridad. Los problemas financieros pueden disparar episodios de ansiedad, depresión e insomnio en los adultos. En los hijos se manifiesta como inseguridad, somatizaciones (dolores sin causa física) o problemas de conducta”, señaló la especialista.
¿Afectan a su matrimonio?
Para Hernández, el afecto en la pareja puede quebrarse cuando el dinero se vuelve un tema de control o reproche. La admiración por el otro se pierde si se le vincula exclusivamente con su capacidad de generar ingresos, transformando el amor en una relación puramente transaccional.
“Por lo general, empieza con críticas hacia la gestión del dinero, evoluciona hacia el desprecio o la indiferencia ante las necesidades del otro, y termina en el distanciamiento emocional total, donde la pareja ya no se percibe como un refugio seguro”, precisó.
Detalló que hay algunos síntomas que alertan sobre el daño que está sufriendo un matrimonio a raíz de una crisis financiera. Estas señales incluyen una irritabilidad persistente, el cese de las demostraciones de afecto, el aislamiento de los miembros en sus habitaciones y una sensación de “pesadez” o tristeza constante en el ambiente hogareño.
También es prudente advertir cambios en el apetito o sueño, bajo rendimiento escolar, desinterés por actividades que antes se disfrutaban y expresiones de desesperanza o culpa excesiva respecto a la situación económica.
Bienestar emocional
“Las crisis económicas pueden sacudir los cimientos más sólidos en una familia. Pero es importante entender que el problema rara vez es solo el dinero; el verdadero desafío es cómo la familia se comunica y se organiza frente a la escasez. Por eso, la comunicación transparente y sin juicios juega un papel crucial”, dijo la especialista de la UCSS.
Ante una crisis económica, es común que aparezca el “aislamiento financiero”: uno de los miembros de la pareja asume toda la carga y el secreto, mientras el otro ignora la gravedad del asunto. Esto genera una brecha de desconfianza.
“Es fundamental hacer un diagnóstico sincero de la situación, validar las emociones mutuas y establecer un acuerdo para tomar decisiones económicas de manera conjunta. La pareja no debe practicar la negación, manteniendo gastos irreales, y mucho menos buscar culpables dentro del núcleo familiar. El silencio o el uso del dinero como herramienta de castigo emocional son altamente nocivos para la estabilidad psíquica”, sostuvo Hernández.